FELIPE SÁNCHEZ
EL LEÓN
REZA el dicho popular que el león cree que todos son de su condición; una máxima que aplica a la perfección a las medidas del gobierno guinda. Es la política del nulo esfuerzo, similar a la consigna comunista: «de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades». Es decir, que la gente dé lo que pueda y, si no le gusta trabajar, que no lo haga, pues de todos modos debe recibir lo necesario para satisfacer sus carencias. ¿Qué es eso?
LOS BURÓCRATAS del oficialismo creen que, en todos lados, las personas son como ellos: seres prescindibles. Para la nueva clase política (vivimos en la “cuarta transformación”, pero del viejo tricolor: PNR, PRM, PRI, Morena), reducir la jornada laboral no es problema; asumen que si el personal de la iniciativa privada falta, no pasará nada.
ESO que lo pregunten a cualquier fábrica, a cualquier empresa, cuando alguien no llega a laborar, todo se complica, no como en las instancias de gobierno, donde la irresponsabilidad es monumental. Vean cómo están los hospitales públicos, vean el ínfimo servicio que prestan las oficinas de gobierno.
POR OTRO LADO, los guindas instauraron la Nueva Escuela Mexicana, que apunta a una “evaluación formativa” que prefiere ponderar el proceso y el esfuerzo por encima del resultado final (el examen), bajo el pretexto de que «un número no refleja lo que un niño aprende». En pocas palabras: ¡la evaluación no les importa! ¿Por qué eliminar el rigor? ¿Acaso el gobierno busca ciudadanos habituados únicamente a estirar la mano?
QUE sus funcionarios preparen el terreno para que en el nivel medio superior no se apliquen exámenes de admisión, dijo jactancioso el gobernador. —No me gustan los exámenes de admisión; no tiene por qué evitársele a los jóvenes estudiar, no tiene por qué frustrárseles el derecho —decía Salomón Jara, mimetizando la cadencia del expresidente López Obrador. Sostenía el mandatario que deben buscarse otros mecanismos, bajo el gastado pretexto de que, si no ingresan a la escuela, los jóvenes se irán necesaria e inmediatamente a las filas del crimen organizado.
ANTINATURA
TODOS los seres humanos tenemos que aprender de nuestros fracasos y frustraciones; de ahí surgen las grandes enseñanzas. Un joven reprobado, desde sus primeros años de vida, tiene que aprender a buscar soluciones y diseñar un “plan B”; la capacidad de adaptación es inherente a nuestra especie. El fracaso no conduce necesariamente al mal camino; eso tiene más que ver con un sistema de corrupción e impunidad que con el nivel educativo.
DECIR que los malos estudiantes nacen para delinquir es un yerro (por no usar una palabra impropia para mis lectores), antinatura; es la retórica política de una clase gobernante a la que no le interesa que la gente piense.
LA NATURALEZA humana y la vida se forjan no solo con éxitos, no todo en la vida es blanco o negro, de los tropiezos emergen las reflexiones y los impulsos para levantarse.
TAL VEZ al gobernador no le gustan los exámenes porque el estudio nunca fue su fuerte; se nota en el limitado vocabulario que maneja, un lenguaje promedio que no corresponde a un hombre de Estado. Se supone que es ingeniero, pero recordemos que en las universidades públicas no solo se gradúan los buenos estudiantes; los “porros” saben bien que existen otras formas de obtener el grado. Que este gobierno pretenda institucionalizar escuelas llenas de jumentos solo nos conducirá al desastre. Las naciones desarrolladas no alcanzaron su estatus con educación mediocre, sino con todo lo contrario.
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