Karla MARTINEZ DE AGUILAR
Fotografías: Cortesía
Ximena Velasco, directora y fundadora del Festival ¡Qué Gusto! nació en la Ciudad de México, pero se reivindica jalapeña.
Creció entre dos territorios y, sin saberlo, entre dos vocaciones: la curiosidad por el mundo y el deseo profundo de contar historias. Nada en su formación como psicóloga anticipaba que años después, se convertiría en una de las principales promotoras de la gastronomía mexicana en Francia. Sin embargo, hay pasiones que transforman destinos.
Su historia con Francia comenzó en un salón de clases de la Alianza Francesa de Jalapa. Ahí no solo aprendió un idioma: se enamoró de una cultura. Ese enamoramiento la llevó a trabajar en Air France, en la Embajada de Francia en México y en Turismo de Francia. Durante años promovió el país galo como destino. Hasta que un día, instalada ya en París, entendió que había algo pendiente: contar México.
Así nació ¡Qué Gusto!, un festival que desde 2015 se ha convertido en puente cultural, gastronómico y emocional entre dos países orgullosos de su cocina. Lo que comenzó como un proyecto pequeño hoy es un movimiento que transforma percepciones, derriba clichés y posiciona a México como una potencia culinaria en el corazón de Europa.

¿De dónde eres originaria y cómo surge este acercamiento a la gastronomía y a este puente entre México y Francia?
Nací en la Ciudad de México y crecí entre México y Jalapa, Veracruz. Me considero profundamente jalapeña y la verdad, nada predecía que me dedicaría a esto; yo estudié psicología y mi perfil no tiene nada que ver con lo que hago ahora.
Mientras estudiaba la carrera, descubrí que quería aprender francés. Me intrigaba la cultura francesa y entré a la Alianza Francesa de Jalapa; ahí comenzó mi historia de amor con Francia. Literalmente me enamoré.
Nunca ejercí la psicología porque mi camino fue otro: trabajé en Air France, en la Embajada de Francia en México y en Turismo de Francia promoviendo ese país como destino. Después me fui a Canadá y seguí promoviendo Francia, y hace 20 años me instalé definitivamente en Francia con mi marido Stéphane, que es francés.
Por circunstancias económicas y crisis mundiales, me quedé sin trabajo, pero no sin ideas, entonces, dije: he promovido Francia durante año, ¿por qué no promover México en Francia?, especialmente su riqueza gastronómica ya que estoy en el país de la gastronomía y nadie sabe qué es una tortilla nixtamalizada, qué es un verdadero taco. Eso me frustraba profundamente.
En Francia, la imagen culinaria de México era Tex-Mex y creían que el chile con carne era nuestro platillo nacional, así que en 2015 lancé el primer festival ¡Qué Gusto!, con apoyo de una agencia canadiense y del entonces Consejo de Promoción Turística de México en Francia. Fue pequeño, pero inmediato el interés del público confirmó que hacía falta.

¿De dónde proviene el nombre y cómo ha evolucionado el proyecto?
El nombre fue muy pensado. “Qué gusto” significa placer, pero también sabor y es una frase que recurrentemente utilizamos cuando conocemos a alguien (“qué gusto conocerte”).
En francés suena bien, lo franceses lo pronuncian con acento y lo entienden porque ya lo relacionan con el festival. Por otro lado, entendí que es una frase que es alegre, cercana, que conectaba con los franceses y que los mexicanos identificaban.
El festival no es una feria gastronómica tradicional; son cinco o seis días de actividades en distintos puntos de París -y ahora también en Lyon- donde se imparten talleres, conferencias, degustaciones, cine y cenas a cuatro manos. Algunos eventos son gratuitos y otros tienen costo, y definimos la dinámica de los temas que se tocan dependiendo de los invitados que tenemos. Un ejemplo: si el estado invitado es Veracruz, hacemos una conferencia sobre la vainilla de Papantla, una degustación con reposteros franceses, proyectamos la película Danzón y recibimos al público con una cajita con torito veracruzano y pan jalapeño.
Siempre buscamos darles una experiencia integral a quienes nos visitan, y algo que tengo claro es que no quiero invitar a los mismos de siempre. Necesito convencer al público francés desde su propia sensibilidad y por eso involucro chefs franceses, inclusive invitamos a una griega. Los llevo a México, recorremos el estado invitado, conocen productores, prueban la gastronomía del lugar, hablan con cocineras tradicionales y comen como los locales por unos días. Cuando regresan a Francia se convierten en portavoces naturales y creo que eso tiene más impacto que cualquier campaña.
Para mí es importante transmitir que la cocina mexicana no es estática, sino que es diálogo que tiene bases prehispánicas, pero también influencias europeas y asiáticas. Siempre busco promover cocina tradicional, cocina urbana y cocina casera y cocina moderna, contemporánea.
La cocina está en constante evolución. Un mole poblano no existiría sin la llegada de los europeos y se vale que en Francia hagan su versión del taco -incluso con foie gras- siempre que respeten lo esencial: la tortilla de maíz nixtamalizado.

¿Cuál ha sido uno de los mayores retos en este camino?
El mayor reto siempre es el financiamiento. Después, es convencer a instituciones como las secretarias de turismo de los estados y a diversas marcas, es complicado. Necesito apoyo de grandes grupos, pero no quiero promoverlos solo a ellos, sino también quiero hacerlo con pequeños productores de mezcal, tequila o salsas artesanales y al día de hoy, no he conseguido esos apoyos como me gustaría, pero sigo intentando. Sé que podré conseguir pronto el apoyo de La Costeña, Tequila José Cuervo y Tequila Patrón, por mencionar algunos con los que me interesa trabajar.
Mi objetivo es equilibrar: dar visibilidad a quienes ya son grandes y también a quienes apenas comienzan y exportan pocas botellas al año.
¿Hay alguna edición que te haya marcado especialmente?
El primero fue en 2019, antes de la pandemia, fue un parteaguas. Viajé tres semanas por México con un chef francés llamado Eric Guérin que no estaba convencido de venir y al que yo no conocía realmente. Cuando vi su emoción frente a nuestra gente, casi con lágrimas, supe que algo había cambiado además que nos hicimos grandes amigos en ese viaje.
Ese viaje me hizo ver México con los ojos de alguien que lo descubre por primera vez, tanto así que Eric me dijo que cuando yo quisiera, él regresaba conmigo. Ese viaje me hizo ver a través de sus ojos muchas cosas que yo no había visto antes; ese viaje me abrió las puertas a varios más e hicimos cosas increíbles para promover la gastronomía de la Ciudad de México en Francia
Y el segundo, fue en Veracruz, en 2022, ya que fue profundamente personal. Redescubrir la herencia africana del sur, la vainilla de Papantla, la región cafetalera y luego ver un reportaje en Le Figaro y agencias de viaje interesarse en el estado fue una satisfacción enorme.

Ser mujer, ser migrante. ¿Cómo ha sido?
Vivir en París me ha hecho mirar a México con más esperanza. En Francia hay una apertura creciente hacia América Latina. México despierta curiosidad.
Además, existe una comunidad mexicana extraordinaria, sobre todo de mujeres. Mujeres que nixtamalizan maíz local, que siembran tomatillo en suelo francés, que abren restaurantes.
A las mujeres no se nos cierran las puertas porque estamos acostumbradas a luchar contra la corriente.
He visto maridos franceses dejar sus profesiones para apoyar a sus esposas mexicanas: Ingenieros agrónomos sembrando chiles, contadores llevando finanzas de restaurantes. En mi caso, aunque mi marido no ha dejado su trabajo, me apoya con varios temas en mi empresa.
Es un cambio hermoso, pero también soy consciente de la dureza del mundo gastronómico, que es un ámbito rudo, especialmente para las mujeres y sin embargo, ahí están, firmes.
Lo que viene con el Festival
La próxima edición se celebrará a finales de septiembre en Lyon y en octubre en París. Y este año habrá una novedad especial: una edición de Qué Gusto en la Ciudad de México, organizada junto con la Embajada de Francia, para celebrar los lazos entre ambas cocinas.
Será un mini festival que honre el diálogo entre dos tradiciones declaradas Patrimonio Mundial.
¿Qué mensaje final quieres compartir con nuestra audiencia?
Migrar no es sencillo. Muchas veces nos dedicamos a cosas para las que no estábamos preparadas, pero las mujeres mexicanas y mexicanos sabemos reinventarnos.
Estar lejos me preocupa por la situación de las mujeres en México: la violencia, las condiciones laborales, entre otras, pero también me da fuerza para seguir contando otra cara del país porque cuando un francés descubre que la cocina mexicana es Patrimonio de la Humanidad, cuando prueba un mole auténtico o entiende qué significa nixtamalizar, algo cambia. En ese cambio -pequeño, constante, persistente- también hay esperanza.









