DOMINGO DE RESURRECCIÓN
SOLEMNE CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
5 DE ABRIL DEL 2026

Me alegra la presencia de cada uno de ustedes en la Fiesta Central de nuestra fe, la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Probablemente a usted le han preguntado o se ha preguntado usted mismo o ha preguntado ¿por qué tengo que ir a misa el domingo? Espero que encuentre la respuesta el día de hoy. Esta es la razón por la que usted y yo debemos dedicarle un momento de nuestro domingo a estar en el encuentro con el Resucitado, porque eso es lo que hacemos, encontrarnos con el Resucitado ¿Qué día resucitó?, el domingo, lo acabamos de escuchar. Después del sábado, dice el texto, María Magdalena fue al sepulcro y la piedra estaba removida.
Domingo, y decimos que es la más grande fiesta y la fiesta central de nuestra fe, porque celebramos la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Es tan grande la fiesta que nos reunimos domingo a domingo, domingo a domingo, para decirnos: Cristo está Vivo, Cristo ha Resucitado.
Los textos que estaremos leyendo, del Evangelio, durante este tiempo de Pascua, nos irán ubicando en que los Apóstoles se reunían, se reunían y, el domingo, se encontraban con el Señor Jesús.
Lo dice expresando: el día de la Resurrección, estando cerradas las puertas de los apóstoles, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes” y si seguimos leyendo el Evangelio nos dice: ocho días después, estando reunidos, de nuevo lleva el Resucitado y se encuentra con ellos”.
Hoy, el apóstol Pedro, en la primera lectura, que es de los Hechos de los Apóstoles, nos dice que ellos son testigos de la Resurrección, que lo vieron, que lo escucharon, que comieron y bebieron con Él, después de resucitar. Así lo dice el Apóstol, somos testigos de la Resurrección y, yo quiero que nos preguntemos hoy, usted ¿cómo es testigo de la Resurrección el día de hoy, el día de mañana? ¿cómo ha sido testigo de la Resurrección a lo largo de toda su vida?, porque desde el día de su bautismo usted es discípulo de Nuestro Señor, usted es hijo de Dios y tiene que dar ese testimonio, de hijo de Dios y discípulo de Nuestro Señor, tiene que ser testigo de la Resurrección.
Quiero que se pregunte, ¿cómo ha sido testigo? ¿cómo ha sido? ¿usted ha hablado de la Resurrección con alguna persona? En los momentos por ejemplo en que, compare el dolor, la tristeza, las lágrimas cuando un ser querido ha muerto. ¿Cuál es la actitud de usted? ¿cómo ha consolado al amigo? ¿cómo lo ha consolado?, ¿qué palabras le ha pronunciado? ¿qué verdades le ha recordado? Usted, en esos encuentros que ha tenido con el amigo que llora, porque murió un ser querido ¿le ha dicho, crees en la Resurrección, crees en la vida eterna? ¿dónde crees que está la persona por la que lloras, dónde crees que está? ¿usted ha alimentado la fe en ese momento del que está llorando?
A veces lloran desconsolados, a veces lloran con gritos de reclamo a Dios, sobre todo cuando mueren por violencia. Reclamos a Dios.
Usted ¿cómo ha levantado el ánimo del que está ahí, sintiendo una derrota, sintiéndose abandonado, sintiéndose olvidado de Dios, sintiendo que Dios está siendo muy duro con él? Porque se llevó a su padre, porque se llevó a su madre, porque se llevó a su hermano, porque se llevó a su hijo.
¿Qué ha hecho usted? Ahí, tiene que dar testimonio de la Resurrección, tiene que dar testimonio de que el Resucitado está presente en su persona, en su vida, en su familia pero, a veces, no pronunciamos palabra, no alimentamos la fe del hermano ¿por qué no la alimenta? ¿no tiene usted seguridad? ¿cómo cree usted en la Resurrección? ¿cómo cree usted? ¿de veras cree en la Resurrección o sigue pensando que la vida se termina en un sepulcro, que la vida termina en un crematorio y le entregan una cajita y se acabó, se acabó? ¿usted es de los que cree que con la muerte se acaba todo?
Entonces, pues no cree en la Resurrección, no cree en lo que dice Nuestro Señor: “Yo los resucitaré el último día, los resucitaré”… y usted no se mete en problemas. El asunto de la Resurrección es de Dios, no de usted. Usted póngase a trabajar para resucitar para la vida, esa debe de ser su preocupación, resucitar para la vida, no para la eterna condenación. Resucite para la vida y, hoy, hay que mover la piedra del sepulcro, la piedra que no deja mirar la luz, el resplandor del Resucitado.
Removamos la piedra en nosotros, en nuestro interior. Saquemos de nuestro interior lo que son tinieblas, lo que es maldad y deje que la luz entre a su vida y sígase ganando la vida eterna con Dios, vaya al encuentro de su hermano y preséntese ante él como un hombre o una mujer que da testimonio del Resucitado y, ¿cómo damos testimonio?, amando, así damos testimonio del Resucitado.
Si me pregunta, ¿por qué me amas?, yo tengo que responder: por amor a Dios te amo a ti, porque yo amo a Dios, porque creo que Dios está en ti, porque eres la imagen y semejanza de Dios, porque lo que yo haga en favor de ti, me alcanza cielo, me alcanza gracia, me alcanza salvación. Lo que deje de hacer en favor de ti, me hace perder el cielo y yo quiero ganar el cielo y, por eso, todos estos signos de amor, por amor a Dios.
A veces dejamos y nos alejamos de las personas, porque dejamos de amar a Dios en ellos. No deje de amar a Dios en las personas con las que usted se encuentra, con las que usted vive. Llene el corazón del amor del Resucitado, llénelo, haga feliz a toda persona. Habrá momentos en que lo tendrá que hacer feliz perdonando.
Dice San Pablo, el que ama no lleva cuentas del mal, el que ama no lleva cuentas del mal y, muchas veces, en este caminar y en este peregrinar por el mundo, llevamos cuentas del mal. Los esposos a veces llevan cuentas del mal y se comprometieron a amarse y llevan cuentas del mal. Los papás llevan cuentas del mal de sus hijos y, nosotros hijos, llevamos cuentas del mal de nuestros papás y de nuestros hermanos y de nuestros amigos.
Eso es una negación de amor, eso no es vivir como quiere que vivamos el Resucitado.
Por amor a Dios no dejes de amar. Por amor a Dios ten misericordia, por amor a Dios, sé capaz de perdonar. Por amor a Dios, no lleves cuentas del mal.
Debemos de tener sentimientos como los tiene Nuestro Señor. Debemos de mirar como nos mira Él. Debemos de mirar al prójimo, signo de la presencia de Dios, con alegría, con gozo.
Sigamos disfrutando de esta misa de Resurrección. Pongámonos de nuevo en manos del Resucitado, que tiene esas huellas de los clavos. No te olvides, por amor, extendió sus brazos en la Cruz. Por amor a ti y a mí, dio su vida y ahí nos perdonó. Pues, ahora, el Señor quiere que hagamos lo mismo. Por amor, perdonar y hacer el bien y, así, seremos testigos de la Resurrección.
Que María, la que por supuesto vio al Resucitado, se encontró con Él, la que sufrió al pie de la Cruz, nos seguirá acompañando, para encontrarnos con el Resucitado, Su Hijo, que triunfó sobre la muerte y sobre el pecado.
Alegrémonos por la Resurrección y, un día, resucitaremos porque el Señor nos prometió resucitarnos y resucitarnos para la vida.
Feliz Fiesta de Pascua para todos ustedes.
Que así sea.








