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  • Faltan indicadores que permitan valorar el impacto social que tienen las acciones administrativas en la realidad.

Hace unos días Oaxaca vivió un ejercicio democrático importante.

Al margen de los resultados, desde mi punto de vista lo más importante es que nos dejó la posibilidad de medir un fenómeno social.

La desconfianza ciudadana es un buen indicador, para tomar decisiones que mejoren el desempeño de una administración.

En todas las democracias y en todos los gobiernos, la confianza se incrementa o disminuye. Eso es normal.

Lo que en ocasiones sorprende es la velocidad con la que un gobierno inicia su desgaste.

Pero ese fenómeno no aparece de la nada. No surge por generación espontánea.

La confianza en un gobierno es una suma de variables: narrativa, resultados, acciones efectivas y políticas públicas que se planean, se implementan y se ven reflejados en el bolsillo y en la mesa de los ciudadanos.

Cuando una de esas piezas falla, la percepción se resiente. Cuando fallan varias áreas a la vez, el desgaste se acelera.

En ese contexto, la Secretaría de Administración es fundamental para un buen desempeño del gobierno.

No es un área secundaria ni de trámite.

La forma en que se administra un gobierno incide en cómo se percibe la administración en su conjunto.

En su informe habla de orden, de procesos, de controles internos.

Habla de eficiencia, austeridad y modernización administrativa.

Todo eso es necesario. Pero el problema surge cuando queremos pasar de lo general a lo particular.

Se describen acciones, pero faltan indicadores que nos permitan valorar el impacto que tienen en la realidad.

Se habla de austeridad, pero no se explica cómo esa austeridad mejoró el accionar diario del gobierno.

Se mencionan avances administrativos, pero no queda muy claro si eso se tradujo en mejores servicios, en trámites más rápidos o en una atención más eficiente.

Ordenar la casa es importante. Digitalizar procesos también. Pero la pregunta de fondo es otra:

¿Esa mejora administrativa se siente fuera de los escritorios?, ¿se refleja en las dependencias?, ¿mejora la experiencia del ciudadano frente al gobierno?

Hoy, cuando la percepción pública respecto al gobierno es negativa, la administración pública no puede conformarse con cumplir procesos. Hay que hacer cosas extraordinarias, porque el caso lo amerita y lo demanda.

Tiene que demostrar resultados visibles. Porque cuando la administración falla, el costo político lo paga todo el gobierno.

Por ello quiero hacer las siguientes preguntas muy puntales:

  1. ¿Qué resultados medibles puede presentar, para que nos quede más claro que la austeridad y la optimización administrativa de la que nos habla en su informe, generaron mejoras reales en el funcionamiento de las dependencias y en la atención a la ciudadanía?
  2. Si la Secretaría de Administración es clave para el buen funcionamiento del gobierno, ¿por qué el informe no presenta indicadores que vinculen la mejora administrativa con una mejor percepción ciudadana o con un mejor desempeño de las dependencias?

 

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