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Diócesis de Huajuapan de León, Oaxaca. Domingo de Ramos inició la Semana Mayor 2026

Texto: Joel F. Gálvez Vivar                                                                                            Fotos: Karol Joseph Gálvez López

Huajuapan de León, Oaxaca, México; Lunes 30 de marzo de 2026: Jesús entra en Jerusalén. “Estaban ya cerca de Jerusalén. Cuando llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: Caminen hasta el pueblecito que está al frente y encontrarán una burra atada con su burrito al lado. Desátenla y tráigamela. Si alguien les dice, contéstele: El Señor los necesita, pero pronto los devolverá”.

Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por un profeta:

Digan a la hija de Sión: “Mira que tu rey viene a ti con toda sencillez, montado en una burra, una burra de carga, junto a su burrito.”

Los discípulos fueron, pues, siguiendo las instrucciones de Jesús, y trajeron la burra con cría. Después le colocaron sus capas en el lomo y Jesús se sentó encima.

Entonces la mayoría de la gente extendió sus capas, en el camino; otros cortaban ramas de árboles y las ponían sobre el suelo. El gentío que iba delante de Jesús y el que le seguía exclamaba:

“¡Hosanah! ¡Viva el hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en el Nombre del Señor! ¡Hosanah! ¡Gloria en lo más alto de los cielos!”.

Cuando Jesús entró en Jerusalén, la ciudad se alborotó. Preguntaban: “¿Quién es este?” Y la muchedumbre contestaba: “Este es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea”. (San Mateo 21; 1 – 10).

En este tenor y bajo estrictos cánones del catolicismo, la Diócesis de Huajuapan de León, arrancó al mediodía de ayer domingo con la tradicional procesión de Domingo de Ramos, dando paso a largas jornadas religiosas de la llamada Semana Mayor o Semana Santa 2026, igualmente en diversas comunidades indígenas de esta zona de la mixteca oaxaqueña y poblana, jurisdicción diocesana de la gran Ñudee.

Con el preámbulo la procesión que a temprana hora partió del templo de Sagrado Corazón de Jesús, ubicado en la esquina de las calles de Matamoros con Jiménez, luego de caminar sobre diversas céntricas calles, cientos de feligreses llevaban en sus manos palmas artesanalmente adornas, algunas con la imagen de Cristo, incrustado en crucifijos, con cánticos de alabanzas al Señor arribaron a las instalaciones de la Santa Iglesia Catedral diocesana.

Mientras, que la ceremonia litúrgica principal del Domingo de Ramos, dio inicio al medio día, presidida por el Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz, Obispo Diocesano, asistido de los sacerdotes Rogelio Palma Tapia y Juan Carlos Gómez Bravo, además de un diácono, de los integrantes del grupo litúrgico, y un monaguillo.

El altar mayor, adornado de una reluciente cruz de madera, colgado en sus extendidos brazos el manto con el que fue soportado el cuerpo inerte de Jesús al ser bajado del madero, al pie florecientes brotaban frescos ramos de verdes palmas criollas de la región mixteca oaxaqueña. Junto a la imagen del Nazareno, que se encontraba montado en un pollino, en tanto las gradas donde está colocada la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe, otras verduzcas cruces, postradas al igual en las columnas del sagrado recinto catedralicio diocesano.

Previamente, minutos antes del inicio de la misa de Domingo de Ramos, los presbíteros concelebrantes rociaron agua bendita tanto a la feligresía como a las palmas, púrpuras signos son de santidad y divinidad, además de dignidad, de respeto y honor al santo nombre de Jesús.

Luego entonces, la comitiva del purpurado diocesano, avanzó hacia el altar mayor para la continuación de la magna ceremonia litúrgica, una vez dentro de la cual el máximo Jerarca del catolicismo don Miguel Ángel Castro Muñoz, disertó su homilía dominical en la PASIÓN, MUERTE y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO, cuyos episodios se recuerdan activamente en estos días santos de la Semana Mayor.

Castro Muñoz, llamó al pueblo de la Diócesis vivir y participar fielmente en cada jornada preparada tanto para el viacrucis como en actos dolorosos de la pasión, muerte y resurrección de El Salvador del mundo.

Así, bajo exhorto de participar con respeto mutuo del prelado, el pueblo católico de la Diócesis de Huajuapan de León, Oaxaca, vive intensamente su fe, devoción consagrada al altísimo Dios Padre Celestial, por la preciósima sangre de Cristo Jesús, derramada en la Cruz. Señor de Señores, Rey de Reyes.

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