DEDICACIÓN DEL TEMPLO PARROQUIAL Y CONSAGRACIÓN DEL ALTAR DE LA PARROQUIA DE SAN MATEO APÓSTOL RÍO HONDO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
9 DE MARZO DEL 2026


Démosle gracias a Dios que estamos presentes en este lugar, no es fácil la presencia de todos ustedes dentro de nuestro templo parroquial, por eso muchos de ustedes están ahí, fuera, participando de la Eucaristía, en este día tan importante para la comunidad, por varias razones. La comunidad se reúne, como parroquia, para vivir esta fiesta al Señor de los Siete Velos, imagen de Jesucristo Crucificado, que está aquí, en el altar mayor.
Ahí, contemplamos al que nos dice a diario que tiene un grande amor hacia nosotros, porque extendió sus brazos en la Cruz, entregó su vida, derramó su sangre para el perdón de los pecados de todos nosotros.
Ahí está Nuestro Señor diciéndonos: nadie tiene amor más grande por el amigo que el que da la vida por él.
Amor grande, amor misericordioso, amor de todo un Dios, de todo un Señor, porque así reconocemos a Jesucristo, Nuestro Dios y Señor.
Qué importante es que usted tenga, en el centro de su vida, a Nuestro Señor Jesucristo y se sienta elegido por Él para ser su discípulo, su seguidor y esté muy comprometido con Él a dar testimonio, a dar testimonio de su amor, viviendo lo que el Señor nos dice: un mandamiento nuevo les doy, que se amen los unos a los otros, como Yo los he amado.
No se olvide, no se olvide cómo lo ama Nuestro Señor a usted, no se olvide de eso, para que usted ame a su prójimo, así como lo está amando Nuestro Señor. Sienta su amor, sienta su misericordia, sienta su compañía. “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.
El Señor va caminando con nosotros, vive en medio de nosotros. Haga presente al Señor en su vivencia de amor, en su vivencia de paz, en su vivencia de práctica de las virtudes, en su vivencia de santidad, haga presente a Nuestro Señor.
Siga recorriendo estos caminos, los caminos que nos llevan hasta la casa del Padre, hasta encontrarnos con Él, en la eternidad, y váyase ganando el cielo, haciendo todo lo que agrada a Dios y evitando apartarse de Él.
Usted es un templo vivo del Espíritu Santo.
Hoy venimos a consagrar este templo y este altar, venimos a consagrar, a eso nos ha invitado su párroco. A través de su párroco, la comunidad nos ha invitado, a hacer esta ceremonia de dedicación de nuestro templo parroquial. Usted va a mirar signos y va a disfrutar de esta celebración.
Aquí está el altar, en este altar, Jesucristo se va a ofrecer al Padre por todos nosotros, para el perdón de los pecados. Aquí, en este altar, Jesucristo va a morir y resucitar, porque se va a ofrecer el sacrificio de Jesucristo, y lo vamos a ofrecer juntos, ustedes y nosotros los ministros. Siempre que venga a su templo parroquial y contemple su altar, le sugiero que diga: “gracias, Señor, porque en ese altar te ofreces al Padre por mí, para el perdón de mis pecados, sigue teniendo misericordia, síguete ofreciendo al Padre y, después de contemplar el altar, vaya a encontrarse con el Señor Jesús que está vivo y presente en el Sagrario, vivo y presente en el Sagrario y, ahí, escuche lo que dice Nuestro Señor a diario: “vengan a Mí todos los que están cansados, fatigados y agobiados por la carga, Yo les daré alivio”.
Venga a encontrase con Él, venga a encontrar el alivio, el consuelo, la paz, la alegría, el gozo, la ilusión de vivir, la fortaleza que necesitamos para seguir adelante. Venga a encontrase con Él, después de haberle dicho: “gracias, porque en ese altar te has estado ofreciendo por mí y estás aquí, en el Sagrario, en esas hostias consagradas. Creo en Tu presencia”.
Ahí, en ese ambón, se proclamará siempre la Palabra de Dios, que ilumina nuestro caminar, escuchemos siempre, con reverencia, con mucho respeto, el mensaje divino. Desde aquí, el sacerdote les ayudará a ustedes a profundizar en la Palabra de Dios y, ahí, usted le tiene que decir a Dios: “llena de sabiduría y de gracia, de santidad, a mi sacerdote, para que de sus labios salga ese mensaje divino que Tú quieres que llegue a mis oídos y sea guardado en mi corazón.
Pida por su sacerdote, para que cuando esté con usted, profundizando en la Palabra Divina que es proclamada, usted siga escuchando y profundizando en el mensaje que Dios le ha transmitido.
Hoy, nos ha recordado Nuestro Señor que Él es el Cristo. “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”, responde el Apóstol Pedro, después de haberle dicho al Señor: “unos dicen que eres Juan El Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o alguno de los profetas”, y en la pregunta directa a ellos, Pedro responde: “Tú eres el Mesías” y el Señor dice: “tú eres Pedro y sobre esta piedra, edificaré mi Iglesia”. No se le olvide esa frase, “edificaré mi Iglesia”. Nuestro Señor no fundó muchas Iglesias, sólo fundó una, sólo una, a la que usted pertenece. Nosotros decimos en el Credo: “creo en la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica”, la que Cristo fundó, las demás Iglesias nos las fundó Cristo, las fundaron los hombres. La Verdadera Iglesia es la que fundó Cristo en sus Apóstoles: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
Siga profundizando en su fe católica, no para discutir, no para pelear, sino para comprometerse más con el Señor y, por supuesto, con dignidad y con respeto decirle, al que viene a veces a hablar mal de la Iglesia a la que usted pertenece, que le pueda decir: “te pido que respetes mi fe. Ve a vivir tu fe y déjame vivir mi fe, te pido que respetes mi Iglesia. Respeta mi Iglesia como yo respeto tu fe y tu Iglesia. Respetémonos, ve a vivir tu fe y déjame vivir mi fe”.
Me alegra, me alegra que este templo cada día sea más bello, más hermoso, lo han ido embelleciendo poco a poco.
Bendiciones para todos, porque gracias a todos ustedes, al apoyo, a la colaboración, se han hecho todos estos detalles del templo. Es hermoso, miren qué hermoso altar, aquí estoy leyendo, en la parte de atrás, “hagan esto en memoria mía”. En los cuatro lugares de la mesa del altar, están letreritos, después se acerca y los lee y que eso sea toda una enseñanza para usted, mirando siempre este lugar central que es el altar, que hoy será consagrado. “Hagan esto en memoria mía”, lo hacemos cuando celebramos la Eucaristía y esas palabras las pronuncia el sacerdote en el momento de la Consagración, en el momento del milagro, porque el pan deja de ser pan y el vino deja de ser vino y se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor, para ser el alimento que nos asegura la Vida Eterna y la Resurrección con Dios.
Disfrutemos del banquete, disfrutemos y disfrutemos de esta ceremonia tan especial, de la dedicación del templo, de la consagración de nuestro altar. Disfrutemos.
Sigan siendo comunidad profundamente religiosa, profundamente piadosa. Sigan teniendo a Jesucristo en el centro de su vida. Sigan buscando la intercesión de María, yo siempre he pensado que, así como cuando Nuestro Señor en el Calvario dio Su vida por nosotros, al pie de la Cruz estaba la Santísima Virgen María, al pie de la Cruz y siempre me he imaginado que, aquí, en el altar, cuando el Señor se ofrece, aquí está María, aquí está la Madre, cuidando a sus hijos, acercando a sus hijos a Jesucristo, eso es lo que yo he pensado, si aquí Jesucristo se ofrece, pues aquí está María, la Madre de Dios, que recibió una encomienda estando al pie de la Cruz. “Mujer, ahí tienes a tu hijo… hijo, ahí tienes a tu Madre”.
Que María nos siga acompañando en nuestro caminar y que el Señor siga en medio de nosotros, llenándonos de Su amor, manifestando Su misericordia, perdonándonos y no nos olvidemos a lo que estamos comprometidos, a seguir a Nuestro Señor y dar siempre testimonio de Su muerte y Resurrección.
Feliz día de fiesta del Señor de los Siete Velos y feliz fiesta de la consagración de este Templo y de este altar. Feliz fiesta.
Dios nos llene de Su gracia a todos.
Que así sea.








