Karla MARTINEZ DE AGUILAR
CDMX.- Durante años, Manuel Salmun Wiernik vivió huyendo de sus emociones sin saber nombrarlas. Lo que parecía una vida “normal” escondía una batalla silenciosa marcada por la adicción, la culpa y el vacío. Hasta que un día, tocar fondo se convirtió en el inicio de algo distinto al encontrar su propósito de vida.
Esta entrevista no es solo el testimonio de una recuperación, sino una plática honesta sobre el dolor, la fe, la responsabilidad personal y la posibilidad real de cambiar, incluso cuando todo parece perdido y te encuentras rodeado de mucha oscuridad.
Manuel nos habla desde la experiencia vivida y desde el lugar de quien hoy acompaña a otros recordándonos que nadie nace roto, que en nosotros recae la decisión de elegir cómo queremos vivir a pesar de las circunstancias, que pedir ayuda no es debilidad y que la recuperación no es magia, sino un proceso cotidiano que empieza con una decisión: dejar de huir y empezar a sentir.

Manuel, ¿de dónde eres originario y cuál es esta historia que te llevó a convertirte en estratega emocional?
Gracias por la invitación y por la pregunta. Me llamo Manuel Salmun Wiernik y soy originario de la Ciudad de México. Tuve una vida “normal” ya que estudié una carrera e hice lo que se suponía que tenía que hacer. Era bueno en lo que hacía, pero no me gustaba, no había pasión, no me gustaba mi vida y cuando no sabes qué hacer con tus emociones, te fugas.
Yo me fugué en la ludopatía, en el juego compulsivo; no sabía manejar lo que sentía, no sabía cómo estar conmigo. Estuve atrapado doce años en ese proceso hasta que un día llegué a mi casa y me dijeron: “Manuel, o te vas a una clínica o te vas de la casa. Es insostenible vivir contigo”.
Me fui a la clínica Samadhi ubicada en Chihuahua, no porque quisiera, sino porque ya tenía ganas de quitarme la vida. Sentía que no valía nada. Llegué completamente roto, pero ahí me dijeron algo que me cambió todo: “Tú solo tienes un problema, Manuel; se llama adicción”. Yo pensé que no entendían nada de mi vida, pero era cierto: tenía una vida hecha pedazos y no sabía por qué.
Cuando me quedé en la clínica, viví momentos muy duros. Reflexioné, me enfrenté a mí y al salir, me di cuenta de algo brutal: tenía la inteligencia emocional de un bebé. No sabía regular mi frustración, mi enojo, mi tristeza. Entonces, empecé a autoeducarme.
Uno de mis talentos es sintetizar información. Leí todo lo que pude sobre inteligencia emocional, tomé herramientas y empecé a aplicarlas en mí. Mi recuperación fue exponencial.
Un año después me invitaron a dar una plática en la clínica y cuando terminé, se me acercaron varias personas y me dijeron: “Yo quiero ir contigo”. Yo no entendía, yo no me dedicaba a eso, yo solo estaba compartiendo mi proceso.
Cuando regresé a México se lo conté a mi esposa y ella me dijo: “¿Y si lo haces profesionalmente?”. Ese fue el clic. Ahí entendí para qué había sufrido. Encontré una pasión que nunca había sentido. Abrí mi consultorio y, siete años después, aquí estoy.

Hablas mucho de quitar tabúes, de aceptar que no está mal sentirse mal
La valentía más grande del ser humano es pedir ayuda. Primero, hay que bajar el ego y decir: “No estoy pudiendo y pedir ayuda”. Segundo, hay que admitir que tenemos un problema. Y tercero, reconocer que todos somos adictos a algo.
La adicción no siempre es droga. Puede ser trabajo, ejercicio, comida, sexo, depresión, etc. Normalizamos hábitos destructivos y creemos que eso es lo normal. Nadie nace queriendo ser adicto, pero la repetición convence a la mente.
Y a quien esté leyendo esto: tú estás aquí para hacer algo hermoso con tu vida, algo trascendental. Busca ayuda para encerrarte en cárceles mentales y creer que no hay salida.
Desde tu perspectiva profesional y vivencia personal, ¿se puede vencer una adicción?
No se vence, se domina. Yo no dejo de ser adicto. Tengo una personalidad compulsiva y creo que todos lo somos en cierta medida; ello no solo sucede con el juego, el alcohol o las drogas, también pasa con una serie en Netflix, con querer quedarse más tiempo en una fiesta, con quedarse picado con un libro, entre muchos otros. Lo único que cambia es que hoy soy consciente.
La base de la recuperación es la abstinencia, parar de hacer lo que nos destruye la vida y existen varias maneras de apoyarse como lo son los Doce pasos de Alcohólicos Anónimos, de Jugadores Anónimos y Narcóticos Anónimos, por mencionar algunos.
El Papa Juan Pablo II dijo que los grupos eran el milagro del siglo, porque hay millones de personas que han podido salir de su adicción. La adicción es dejar todo por una sola cosa. La recuperación es dejar una cosa para recuperar todo lo demás. Es un cambio radical de vida, pero la paz mental que obtienes, no tiene precio y en mi caso, es la oportunidad de una segunda vida que me dieron mi esposa y mis hijos.
Dentro de los casos que has conocido, ¿hay alguno que te haya marcado?
Sí, el de la mamá de un joven que estaba en un anexo me escribió seguido por redes sociales porque quería que su hijo escuchara mi testimonio; el chavo me escribió cuando salió y lo primero que me dijo fue que su mamá ya había hablado conmigo para que lo ayudara, pero le dije que así no funcionaban las cosas porque no era lo que su mama quería, era lo que él quería. Me contestó que revisaría el contenido en mi Instagram. Al día siguiente su mamá me avisó que se había quitado la vida, que se había ido a drogar y se suicidó; manipuló a su familia para salir del anexo y terminar de esa manera.
Nadie quiere morir ni quitarse la vida; lo que queremos es dejar de sufrir, pero la mente convence que no hay salida y se termina tomando una decisión permanente para un problema temporal.
Esa experiencia me marcó profundamente por la señora y el chavo que tenía toda la vida por delante si hubiera escogido el camino de la recuperación.
Desafortunadamente, las personas que padecen una adicción y no se recuperan, acaban en tres lugares: cárceles, hospitales o la muerte.
¿Qué le dirías a quien no cree en la terapia?
Que se pregunten si lo que está haciendo hoy les está funcionando. No es cuestión de creer o no creer, es ocuparte de tu vida. Hay soluciones, hay grupos, hay ayuda, pero nadie puede hacerlo por ti.
En vez de lamentarse por lo que les sucede, hay que ocuparse del problema y si creen que tienen un problema, contesten las 20 preguntas que hay en las diversas páginas que ayudan a los adictos. Si contestan positivamente siete de las 20, ya tienes un problema.
La primera vez que yo contesté ese cuestionario en la clínica, respondí sí a 19 de 20 preguntas. O sea, para que entiendas el tamaño de cómo se escala el problema.
Hay que creer que hay una vida mejor para cada uno de nosotros. No importa de dónde vienes, importa a dónde quieres ir. Dos personas pueden vivir la misma historia y decidir cosas opuestas. Tú decides si te empoderas o te destruyes.
Y los grupos de apoyo son muchas veces un arma de doble filo porque nadie te va a perseguir, nadie te va a pasar lista; es para el que lo quiere, no para el que lo necesita. Tú tienes que quererlo, tienes que querer dejar de sufrir, tienes que querer dejar de estar en ese infierno emocional para salir a la luz que tanto has anhelado.
Es muy fácil echarle la culpa a alguien más de todos tus problemas, pero el único responsable de tu propia vida eres tú. Tu historia de vida no justifica que no puedas tener una mejor vida y hay una historia muy bonita que refleja ello: habla de dos hermanos gemelos donde uno es el CEO de una empresa transnacional enorme y el otro está en la cárcel. El periodista se entera del caso y le intriga conocer más sobre ello. Va primero con el CEO y le pregunta cómo le hizo para llegar a donde está; le contesta que le tocó un padre alcohólico y golpeador, pero que se prometió que nunca iba a hacer así por lo que estudió y luchó por buscar oportunidades. Después, va a la cárcel a entrevistar al otro hermano gemelo y le hace la misma pregunta; el gemelo le contó la misma historia que el hermano. Moraleja: tú decides qué haces con lo que te pasa, con las circunstancias que te rodean; o te empoderas o te destruyes.
¿Y la fe?
Antes no tenía ninguna. Hoy entiendo que la fe es confiar. Somos mente, cuerpo y espíritu. Cuando arreglas el espíritu, todo se acomoda. La fe es creer que tu vida tiene un propósito. Tengo fe después de haber estado totalmente destruido por el miedo, por la insatisfacción, por la frustración, por la ira, por la culpa, por el arrepentimiento.
Estoy convencido que si yo sigo por este camino, que si sigo ayudando a la gente, que si puedo ayudar a que sufras menos, lo mejor está por venir.

Mencionas un sentimiento importante, la culpa y otras emociones como el arrepentimiento. Háblanos de ello
La culpa es un peso que cargamos cuando no deberíamos. Me he dado cuenta que la culpa se nos inculca desde niños al igual que el miedo, aunque considero que el arrepentimiento es la peor emoción y a la vez, es la palabra que más me gusta: cuando te arrepientes de lo que hiciste, del daño que le causaste a los demás, te vas a asegurar de no volverlo a hacer. Yo me arrepiento de la situación en la que puse a mi familia y esa imagen de volverlos a lastimar es un gran freno de mano.
Cuéntanos de tu libro La única apuesta que realmente gané vs vicios, adicciones y otros terrores emocionales
La única apuesta que realmente gané no es un libro de oscuridad, es un libro de luz. Está contado en tres voces: el adicto, el Manuel en recuperación y el terapeuta; es un mapa emocional para quien está sufriendo.
Está escrito con honestidad, tal como hablo, con tono humano, con lágrimas en los ojos al recordar lo vivido y la gente que me conoce, al leer el libro, sabe que es tal cual hablo.
Escribirlo fue una experiencia extraordinaria en la que tuve días en los que lloré al escribirlo; fue una catarsis, fue recordar cosas que mi cerebro había bloqueado por el dolor que me causó como el proceso de recuperación, pero que me permitió volver a ser quien fui antes que la enfermedad emocional me apagara.
Lo presenté en diciembre, en la FIL de Guadalajara, aunque todavía no está en ninguna librería, pero pueden encontrar en Mercado Libre, en Amazon y en tiendas digitales.
Si necesitas ayuda, contáctame para hacerlo y si yo no puedo, te buscaré canalizar con quien sí lo haga.









