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  • Por Dr. Luis Miguel Urbiña Calvo.

No sabemos si para bien o para mal o por lo políticamente correcto, pero esta semana ha estado a la altura de las circunstancias, sobre todo, para las mujeres de la república mexicana, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al resolver que las mujeres tienen derecho a no ser criminalizadas por recurrir al aborto, lo que es de aplaudirse, sí de aplaudirse, y –conste que reconocer no es humillarse ni ser menos persona, ni servil ni adulador- también reconocer es hablar de seres que le ponen el pecho a las balas, probando que sí hay quienes saben respetar y hacer respetar las leyes. Un acierto de esa magnitud debe traer unas series de repercusiones culturales, humanas, laborales, sociales y familiares que tenemos que ir observando y analizando, porque el camino puede ser lento, pero seguro hacia el respeto y valoración de las damas y conste que ellas, las damas trabajadoras, valientes, dedicadas, creativas, constantes, respetuosas, disciplinadas, responsables y éticas, lo han ganado y lo merecen, y no sólo porque la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, lo ordene en su artículo 4, que dice: “La mujer y el hombre son iguales ante la ley. Ésta protegerá la organización y el desarrollo de la familia. Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos. Toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad. El Estado lo garantizará. Toda Persona tiene derecho a la protección de la salud. La Ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de salud y establecerá la concurrencia de la Federación y las entidades federativas en materia de salubridad general, conforme a lo que dispone la fracción XVI del artículo 73 de esta Constitución. La Ley definirá un sistema de salud para el bienestar, con el fin de garantizar la extensión progresiva, cuantitativa y cualitativa de los servicios de salud para la atención integral y gratuita de las personas que no cuenten con seguridad social. Toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar. El Estado garantizará el respeto a este derecho. El daño y deterioro ambiental generará responsabilidad para quien lo provoque en términos de lo dispuesto por la ley.”
Sino porque son las formadoras de generaciones de hijos, padres, esposos, sobrinos y nietos, que sostienen y seguirán sosteniendo esta república. Ellas no piden monumentos, no piden estatuas, no exigen “legados”. Pero dan la fuerza, la serenidad, la inteligencia y “dos grandes razones” para resolver, actuar, así como seguir formando y fortaleciendo a la sociedad.
Por ello, señores de la Suprema Corte de la Nación, como decía alguien: “haiga sido como haiga sido” muy bienvenidos sean en esa función, se les reconoce el gran paso, ¡al frente dando la cara!, sin demagogia ni hipocresías. Para lo anterior, existe la traducción de Alberto Glz. Troyano 1992, de la Lección inaugural en el Collége de France, pronunciada el 2 de diciembre de 1970 (Foucault, M.-1970), “El deseo dice: “No querría tener que entrar yo mismo en este orden azaroso del discurso; no querría tener relación con cuanto hay en él de tajante y decisivo; querría que me rodeara como una transparencia apacible, profunda, indefinidamente abierta, en la que otros responderían a mi espera, y de la que brotarían las verdades, una a una; yo no tendría más que dejarme arrastrar, en él y por él, como algo abandonado, flotante y dichoso”. Y la institución responde: “No hay porque tener miedo de empezar; todos estamos aquí para mostrarte que el discurso está en el orden de las leyes, que desde hace mucho tiempo se vela por su aparición; que se le ha preparado un lugar que le honra pero le desarma, y que, si consigue algún poder, es de nosotros y únicamente de nosotros de quien lo obtiene”. 9-9-2021

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