- Por Dr. Luis Miguel Urbiña Calvo.
¡Oaxaqueños, Mexicanos, oaxaqueños, Mexicanos! Si no nos cuidamos, nadie nos va a cuidar, sino usamos cubre-bocas, sino guardamos sana distancia, sino nos lavamos las manos, -no cargamos los villancicos, porque la pandemia de Covid-19, está en versión demoledora contagiando, trae su tercera ola de regreso, si es que alguna vez se fue… potente con o sin síntomas diferentes. Peor aún, no se ve en el horizonte que los órganos de salud de la federación, apliquen necesariamente protocolos que constitucionalmente existen imponiendo obligaciones, dotando también de facultades que “prevén” y “protegen”, según la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su Artículo 4º, que en su Cuarto párrafo dice: “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud. La Ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de salud y establecerá la concurrencia de la Federación y las entidades federativas en materia de salubridad general, conforme a lo que dispone la fracción XVI del artículo 73 de esta Constitución. La Ley definirá un sistema de salud para el bienestar, con el fin de garantizar la extensión progresiva, cuantitativa y cualitativa de los servicios de salud para la atención integral y gratuita de las personas que no cuenten con seguridad social.”
No hagamos “convivios”, no tengamos “visitas sociales”, “seamos más higiénicos”. Porque ello, impedirá que aumenten los contagios. Así también, cuidemos nuestras seguridades familiar, vecinal y social, ¡cuidemos a nuestros niños, niñas, jóvenes, madres y padres, hermanas, hermanos, abuelos y abuelas, tíos y tías! Unamos voluntades pacíficas, porque hay delitos como: la trata, el homicidio, el secuestro, la violación, el tráfico de órganos, el robo, etc… que aprovechan la división, y lastiman nuestro núcleo familiar; ese núcleo familiar que es nuestro pasado, presente y futuro; ya que, la inseguridad en el país requiere de nuestra atención, de nuestras coincidencias, de nuestra observancia. No dejemos en manos del “supremo gobierno” la tarea de la constante precaución, no esperemos que nos cuide sin observar las leyes, respetemos las leyes primarias, secundarias y la Carta Magna.
¡Tratemos de cuidarnos! Tratemos de practicar la congruencia entre lo que pensamos, y hablamos con nuestra lógica, tratemos de ser observantes de los desaciertos, de las actuaciones de la función pública, de lo que se dice, lo que se declara, ¡lo que se pregona!, de los planes y proyectos, normas, y leyes escritas, pero obvio, también reconozcamos los aciertos de las respectivas instancias municipales, estatales y federales.
Estemos al tanto, que lo que se dice con argumentos fundados y motivados en los medios de comunicación y/o difusión, que se refleje en leyes escritas, para lo cual recordemos lo que dice: Las Cosas de Decir. Capítulo 3, El Discurso Escrito. Manual de análisis del discurso. Editorial Ariel. (Calsamiglia y Tusón-2001) ”Stubbs (1980) y Kress (1982) coinciden en subrayar la conservación de la memoria de los acontecimientos como función primordial de la lengua escrita. Este hecho tiene como consecuencia que en la visa social, junto a los acuerdos orales, deban mantenerse por escrito todos aquellos que adquieran un valor público y oficial: nacer, morir, instruirse, trabajar o casarse, constituyen actos con repercusión social algunos de ellos ritual izados en actos de habla: el bautizo, el matrimonio) que necesitan una contrapartida escrita para que tengan valor legal. El texto escrito puede ser consultado, analizado, y, al permanecer, es el testimonio de la historia del individuo y de la comunidad.” 21-07-2021







