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Por: Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez.

Existe un libro que les recomiendo leer de título “HOW TO LIE WITH STATISTICS” que describe cuan fácil es en temas socioeconómicos llegar a conclusiones falsas a partir de premisas aparentemente verdaderas.
Querer hacer comparaciones lineales es una gran tentación en muchas profesiones.
Asegurar como lo hizo mi paisano Carlos Manuel Urzúa Macías en su artículo en EL UNIVERSAL titulado “LA PEOR CONTRACCION ECONOMICA DESDE 1932” que en la Gran Depresión de finales de 1920 la afectación a México derivada del crack de la Bolsa de Valores de Nueva York con una caída del 15% del PIB de lo que ahora vivimos es simplista y omite diferencias sustanciales.
A finales de los 1920´s en el Medio Oeste de los Estados Unidos se padeció una duradera sequía que trajo una caída severa en producción de alimentos que se manifestó en hambre en el vecino del Norte. Esta anormalidad climática se extendía del sur de los grandes lagos hasta el norte de Texas. Adicionalmente una bolsa de valores exageradamente valorada que hoy llamaríamos “burbuja especulativa” estalló en Wall Street a la vez que los reguladores federales y el poder ejecutivo se negaron a intervenir -agravando el desplome y contribuyendo a una caída monumental de la confianza.
Hubo ventas de pánico, quiebras bancarias generalizadas, negocios en bancarrota, familias en desempleo con tal velocidad que se llegó a tocar fondo. Para quien quiera leer con detalle los acontecimientos que estoy citando les recomiendo el libro de un economista canadiense John K. Galbraith – texto de cabecera para calibrar políticas públicas en donde se discute la intervención del Estado frente a comportamientos extremos de los mercados.
El mercado bursátil de la Unión Americana de aquella lejana época era una copia de la bolsa de Londres con la salvedad de que la fortaleza económica, militar y territorial de los ingleses era superior a la de nuestros vecinos y hoy socios.
¿Qué sucedá en el México de finales de 1920 e inicio de 1930´s ?. Seguíamos con la brújula institucional en construcción- reparando el daño de tanta inestabilidad y desacuerdo fiscal entre caciques, militares, políticos y clase acomodada. Eran tiempos de muy escasa clase media urbana, prevalecía el México rural cuya realidad distaba mucho de las películas de Pedro Infante, Chaflan o Jorge Negrete.
Era un México rural tierra sin ley, donde los pistoleros de los gobernadores hacían de las suyas aliados con roba vacas, asalta caminos o secuestradores – escenario que en ciertas entidades federativas hoy día sigue vivo.
Nuestros bisabuelos y abuelos tuvieron que coexistir con un México de gente malandrina con pistola al cinto, rifles Mauser – de origen alemán y bastante letal.
Estas gavillas estaban a la orden de caciques de horca y cuchillo a lo largo y ancho del país. Como sucede ahora con los llamados “paramilitares” estos grupos armados y con libertad de hacer lo que les viniera en gana en sus ratos libres la agarraban contra civiles desarmados y sus familias. Olvidemos la propiedad privada.
El México de finales de los 1920´s era un hervidero de anarquía en un territorio con muy pobres tele comunicaciones, un analfabetismo dominante y con una población cuya principal causa de muerte natural eran infecciones intestinales o neumonías -hoy curables.
Como cereza al pastel en el Bajío granelero se presentó una prolongada sequía con las secuelas de hambre y enfermedades ligadas a la falta de agua.
En aquel México rural la mayor generación de bienes estaba en el campo, no en las ciudades.
Decir que se cayó el PIB en 15% en México durante la Gran Depresión no considera que en aquel tiempo el mercado era mucho más pequeño: la población total del país era de 16 millones 600 mil habitantes que lo que es ahora con 126 millones 14 mil pobladores.
Tan sólo la población actual del Estado de México supera en casi un millón de habitantes al México de 1930’s y en el Valle de México viven 9 millones 209 mil personas.
En los 1930´s dominaba el autoconsumo en muchas regiones -pensemos en Oaxaca, sur de Veracruz, costa de Jalisco o Michoacán eran de auto abasto o ligadas más a cercanías como Cuba en el caso de Yucatán. Es decir que las familias solo consumían lo que localmente se producía. Los recorridos por ferrocarril o caminos estrechos eran de días para llegar a alguna ciudad -lo que hoy día toma horas. No se tenían mercados urbanos de gran dimensión aunados o a una muy limitada electrificación o servicios de telefonía. El analfabetismo dominaba el país y era escasa la cantidad de profesionistas; o sea que teníamos un muy raquítico capital humano. Cuando se presentó hambruna por falta de alimento muchas familias en el Bajío o Zacatecas tenían para sus hijos solo dos destinos que les aseguraban los tres alimentos diarios: ingresar al Ejército o irse a un Seminario – instituciones de disciplina y confinamiento.
El Banco Interamericano y de Desarrollo pronosticó con gran acierto que dentro de las consecuencias de la economía en hibernación obligada Latinoamérica en general y México en particular no padecería escasez de alimentos y mucho menos hambre -como si sucedió en el tiempo de nuestros bisabuelos quienes en ocasiones salieron a cazar conejos para comer.
Los reportes de INEGI sobre el crecimiento confirman que nuestros productores agropecuarios lograron crecer al 11% el valor de sus bienes; no hemos tenido problemas de abasto ni de especulación y ocultamiento – como si se vivió en el sexenio de hiperinflación de Miguel de la Madrid.
Querer comparar un México de micro economías regionales, rural, poco comunicado de la década rural de 1930’s en pleno dominio de caciques y sus gavilleros es poco afortunado si vemos el México de hoy.
Somos ya el onceavo país más poblado- por debajo de Japón y por arriba de Etiopía; el 79.6% de los 126 millones 014 habitantes viven en ciudades y 62 de cada 100 mexicanos mayores de 12 años son económicamente activas- reporta INEGI.
La escolaridad promedio para 2020 alcanzó 9.7 años. La disponibilidad de teléfonos celulares alcanzó el 87.5 % de las 35 millones 219 mil 141 viviendas.
Salvo excepciones de todos conocidos como pudiera ser la frontera chica de Tamaulipas, partes de Sinaloa, Durango, Chihuahua y ambas fronteras- el México urbano cuenta con mercados de consumo mucho más afluentes y establecidos que los del México de Plutarco Elías Calles. La migración campo a ciudad en 50 años y los beneficios del libre comercio le mejoró el potencial productivo a los estados de la frontera con Estados Unidos, al Bajío, a Puebla y a ciudades costeras como Altamira – Tampico, Tamps. o Manzanillo en Colima.
En conclusión : No tiene sentido comparar los efectos de la Gran Depresión de 1932 con lo que vivimos en el México del 2020. Tenemos ahora las ventajas de una nación mayormente urbana, con una capacidad productiva diversificada y de calidad de exportación, hemos alcanzado metas impensables en telecomunicaciones y a medida que se reduzca la probabilidad de contagiarse por COVID estaremos más próximos a un rebote sólido en nuestra actividad económica. Somos además el noveno país en turismo receptivo y nuestros paisanos envían 40 mil millones de dólares en remesas para el consumo de sus familias.
El reto sanitario en México rebasa por mucho la cobertura de la seguridad social existente.
Como Nación el gasto en salud es solo del 5.9% del Producto Interno Bruto. En naciones como Sudáfrica es del 8.2 %, en Corea del Sur es del 7.4% y en Ucrania es del 6.1 %.

Se requiere volverlo un tema ciudadano y de amplio espectro. En Veracruz y de manera espontánea las empresas están haciendo donativos en especie a los centros de atención a la salud pública. Canadá nuestro otro socio comercial e industrial cuenta con que los grandes consorcios se han puesto a la orden de lo que sus gobiernos locales necesiten para atender la salud pública.
Carlos Slim y otros empresarios como Harp Helú están apoyando la salud pública.
Es hora de dejarse de señalamientos estériles. Sigamos la ruta de aportar a la solución en lugar de hacer crítica destructiva. Urge que saquemos nuestro lado solidario y responsable.
La economía de Ciudad Juárez está creciendo y lo hará más rápido pues la Asociación de Empresas Maquiladoras ha decidido pagar e implementar la vacunación de los 45 mil obreros que laboran ahí – en plena vecindad con El Paso, Texas.
Como este encomiable ejemplo pudieran imitarle los grandes consorcios que quieran que no tienen con su personal una mayor responsabilidad pues con su talento han hecho grandes a grupos como FEMSA, MODELO, GRUPO MINERA MEXICO, TELEMEX, TELEVISA y todas las exportadoras de automóviles.
Regresar a un alto crecimiento económico en México transita por un pensamiento simple pero válido: tenemos con que, vamos en el mismo barco, la salud no es un tema meramente de gobierno. Cuidar la salud es un tema personal, familiar, de barrio, de colonia, de ciudad, de campo, de empresa con responsabilidad social hacia todo su personal.

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