Compartir
  • Por Dr. Luis Miguel Urbiña Calvo.

Si pensamos que… la pandemia es prueba superada, estamos equivocados o que vacunarnos con dosis única contra el Covid-19, o doble dosis, “nos alumbra el final del túnel”, también estamos equivocados, o también que estamos listos para regresar a la “nueva normalidad”, sea en la actividad laboral, académica, social, familiar y cultural es un hecho ¡Oh! ¡Sorpresa! También estamos equivocados y no habremos aprendido las lecciones: que hay que ser más solidarios, conscientes, humanos, disciplinados, menos soberbios y arrogantes. Porque no somos el ombligo del universo, universo en el que por cierto, hay naturaleza, animalitos, mares, tierras y cielos a los que hay que respetar.
Máxime, si como en el caso de nuestro pueblo, desde el comienzo de la voraz pandemia Covid-19, hasta la fecha, no nos han dado señas serias, formales, ni muestras de contar con un plan o planes, estrategias, programas, estructuras, ni sistemas de protección, contención, eliminación, ni prevención, no solo contra esta pavorosa pandemia, sino de proveer el sistema de salud mexicano obligatoriamente de acuerdo con lo dispuesto por nuestra Carta Magna, en su artículo 73. Sección III. De las Facultades del Congreso, en la fracción XVI, que a la letra dice: “Para dictar leyes sobre nacionalidad, condición jurídica de los extranjeros, ciudadanía, naturalización, colonización, emigración e inmigración y salubridad general de la República… 2a. En caso de epidemias de carácter grave o peligro de invasión de enfermedades exóticas en el país, la Secretaría de Salud tendrá obligación de dictar inmediatamente las medidas preventivas indispensables, a reserva de ser después sancionadas por el Presidente de la República”. Lo que ni en un aproximado ocurrió.
Por tal razón, reflexionemos un poco en ser responsables, importándonos ¡tú y tú y tu!, porque con ello, nos importamos todos, seamos familia, sociedad y amigos, sin egoísmos, pero ¡cuidémonos¡ por el instinto de supervivencia o por conveniencia si así lo entendemos, pero ¡cuidémonos! Asumamos nuestro poder, cuidándonos, pensando con afirmación decente, respetuosa y educada de El análisis crítico del discurso (van Dijk, Teun A.-1999) “Resumiendo un complejo análisis filosófico y social, definiremos el poder social en términos de control. Así, los grupos tienen (más o menos) poder si son capaces de controlar (más o menos), en su propio interés, los actos y las mentes de los (miembros de) otros grupos. Esta habilidad presupone un poder básico consistente en el acceso privilegiado a recursos sociales escasos, tales como la fuerza, el dinero, el estatus, la fama, el conocimiento, la información, la «cultura», o incluso varias formas del discurso público y de la comunicación (de entre la vasta literatura sobre el poder, véase p.e. Lukes, 1986; Wrong, 1979). Hallamos de entrada, entonces, en nuestro análisis de las relaciones entre el discurso y el poder, que el acceso a formas específicas de discurso, p.e. las de la política, los mass media o la ciencia, es en sí mismo un recurso de poder. En segundo lugar, como hemos sugerido antes, nuestras mentes controlan nuestra acción; luego si somos capaces de influenciar la mentalidad de la gente, p.e. sus conocimientos o sus opiniones, podemos controlar indirectamente (algunas de) sus acciones. Y, en tercer lugar, puesto que las mentes de la gente son influidas, sobre todo, por los textos y por el habla, descubrimos que el discurso puede controlar, al menos indirectamente, las acciones de la gente, tal y como sabemos por la persuasión y la manipulación.
Cerrar el círculo del discurso-poder significa, por último, que aquellos grupos que controlan los discursos más influyentes tienen también más posibilidades de controlar las mentes y Ias acciones de los otros. El ACD se centra en la explotación de tal poder, y en particular en el dominio, esto es, en los modos en que se abusa del control sobre el discurso para controlar las creencias y acciones de la gente en interés de los grupos dominantes. En este caso cabe considerar el «abuso», muy latamente, como una violación de normas que hace daño a otros, dados ciertos estándares éticos como las reglas (justas), los acuerdos, las leyes o los derechos humanos. En otras palabras, el dominio puede ser definido como el ejercicio ilegítimo del poder.”
Ello, no quiere decir ser soeces, vulgares, toscos, agresivos y mucho menos dañinos, cambiémoslo por respetarnos y cuidarnos. 18-05-2021

Compartir