CARPE DIEM
Hemeroteca “Néstor Sánchez”
NÉSTOR Y. SÁNCHEZ ISLAS nestoryuri@yahoo.com
La historia de don Néstor Sánchez Hernández es, en buena medida, la historia de
una convicción: que la memoria importa. Su vida personal y su labor pública como
director del diario “Carteles del Sur” lo convirtieron en una figura central del
periodismo oaxaqueño del siglo XX, pero su legado más perdurable acaso sea otro:
la construcción de la Hemeroteca Pública de Oaxaca, una institución que resguarda
la memoria impresa de Oaxaca.
En su caso, el origen no fue destino. Haber nacido en la precariedad no lo condujo
al resentimiento, sino a una conciencia aguda de la desigualdad y a una búsqueda
persistente de justicia social. Formado en el espíritu de una izquierda histórica, la
de las décadas de 1920 y 1930, creyó —como muchos de su generación— que el
mundo podía transformarse. Participó en la Guerra Civil Española como integrante
de las Brigadas Internacionales en el frente del Ebro. Aquella experiencia le dejó
una enseñanza definitiva: el cambio social podía impulsarse con mayor eficacia
desde la fuerza de la palabra que desde la de las armas.
Autodidacta, se construyó a sí mismo. Alcanzó una formación intelectual
equiparable a la de muchos académicos de carrera y cultivó relaciones con figuras
destacadas del arte y la cultura en la CDMX. Convivió con muralistas y escritores,
frecuentó tertulias y círculos culturales, pero nunca perdió de vista su tierra.
Mientras dialogaba con los grandes nombres del siglo XX mexicano, mantenía la
mirada puesta en la cultura popular, en el arte indígena, en los barrios y en la
naturaleza.
Desde las páginas de “Carteles del Sur”, ejerció un periodismo crítico en tiempos en
que hacerlo implicaba asumir costos. Fue señalado como “rojillo” por una élite que
resistía los cambios sociales que se aceleraron a partir de 1968. Sin embargo, su
periódico acompañó luchas que hoy forman parte de la memoria colectiva. Dos
ejemplos lo recuerdan: la defensa de la Chinantla frente a la explotación
indiscriminada de sus bosques por la papelera Tuxtepec o la defensa del Teatro
Macedonio Alcalá, que había sido convertido en arena de lucha libre y auditorio de
actos políticos.
Pero su contribución no se limitó a las causas públicas. También formó
generaciones. Bajo su dirección se forjaron reporteros que, al dispersarse en
distintos medios, renovaron la narrativa del Oaxaca contemporáneo.
El periodismo local, antes centrado en las actividades de la alta sociedad, comenzó
a mirar hacia las personas de a pie. Aquellos jóvenes reporteros son hoy la vieja
guardia que recuerda a su maestro con respeto y gratitud.
Con visión poco común para su tiempo, comprendió que la prensa no es un objeto
efímero destinado para envolver mercancías en carnicerías o abarrotes. Entendió
que cada ejemplar contenía fragmentos de la vida cotidiana, debates públicos,
anuncios, tragedias y celebraciones: la materia prima de la historia social. Por ello
decidió fundar una hemeroteca en Oaxaca, una institución dedicada a resguardar
periódicos y revistas de circulación diaria, semanal y mensual.
Con recursos propios y el prestigio ganado a lo largo de los años, inició el acopio
sistemático de publicaciones. Así nació un acervo que hoy es el segundo más
importante del país, después de la Hemeroteca Nacional. Lo que muchos
consideraban papel destinado al olvido, él lo convirtió en patrimonio documental.
La Hemeroteca “Néstor Sánchez” se consolidó como un espacio abierto a todos:
desde quien buscaba empleo o consultaba la cartelera de cine, hasta investigadores
nacionales y extranjeros de alto nivel académico. Sin formación archivística formal,
supo anticipar una verdad fundamental: la prensa es la crónica del siglo XX escrita
por la ciudadanía, un complemento indispensable de los archivos oficiales del
Estado.
Esta semana, con motivo de la reapertura de la institución, se presentará el
documental “Néstor Sánchez, un hombre de su tiempo”, de la periodista argentina
Margarita Pesoa. La obra subraya el valor que, incluso desde fuera de Oaxaca, se
reconoce a esta pequeña pero singular institución y su fundador.
En tiempos en que los periódicos enfrentan una crisis profunda y el periodismo
migra de las rotativas a las redes sociales, la existencia de la hemeroteca adquiere
un sentido renovado. Cada medio que desaparece implica la pérdida de una pieza
de nuestra memoria colectiva. Sin archivos, la sociedad corre el riesgo de olvidar lo
que fue, y sin memoria es difícil comprender lo que se es.
Don Néstor entendió que la historia no sólo se escribe en los grandes documentos
del poder, sino también en las páginas que narran la vida cotidiana. Supo que el
papel, frágil y aparentemente ordinario, puede convertirse en piedra angular de la
memoria. Y esa convicción, sostenida contra la indiferencia y el paso del tiempo, es
quizá su herencia más sólida.








