Armando EBOLI*
PUEBLA, PUEBLA.- En 2018, después que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ganara la elección, todos vimos cómo el entonces presidente, Enrique Peña Nieto se hizo para atrás y dejó que AMLO hiciera y deshiciera a su antojo, meses antes que entrara en funciones el primero de diciembre.
Este fue un pacto no escrito entre las dos partes, para compensar a AMLO, que gobernaría dos meses menos, pues la ley ya se había modificado para que quien ganara la elección de 2024, entrara en funciones el primero de octubre, como lo hizo Claudia Sheinbaum. Es probable que entre AMLO y Sheinbaum haya habido un trato similar y todavía más profundo, pues AMLO es prácticamente su mentor y pertenecen al mismo movimiento.
El primer año de gobierno de Sheinbaum fue calificado por muchos como tibio: se mantuvo la agenda de AMLO, como la polémica reforma judicial; se mantuvieron perfiles que, aunque obradoristas, parecían tener intereses propios y poco afines a los de la presidenta; y se percibía para muchos que quién realmente gobernaba, escondido en Palenque, era el ex presidente (había muchas señales para pensarlo).

En la serie American Horror Story hay una frase: “Cuando una nueva suprema florece, la vieja empieza a marchitarse” y esto es lo que ha ido sucediendo, sobretodo después que Claudia Sheinbaum celebró su primer año como presidenta.
Poco a poco la presidenta ha ido tomando los espacios que necesita para cumplir con su propia agenda siendo su principal compromiso el de la seguridad. Su primera víctima fue el fiscal Alejandro Gertz Manero, a quién se le forzó a renunciar el 27 de noviembre a cambio de una embajada en Europa. Ernestina Godoy, incondicional de Sheinbuam, tomó su lugar.
El segundo movimiento importante fue el de Adán Augusto, fue su rival por las candidatura de MORENA a la presidencia, y sólo por participar, AMLO, imponiéndolo a Sheinbaum, le otorgó la coordinación de la cámara de senadores, además se convirtió en un personaje muy incómodo como para tenerlo en primera línea y se le sustituyó con Ignacio Mier, muy cercano, es verdad, a Adán Augusto, pero con intereses más locales y lo suficientemente pragmático como para alinearse a la presidencia.
El tercer caso es simbólico, pero Marx Arriaga se encargó que fuera el más ruidoso al atrincherarse en su oficina por algunos días. El perfil de este personaje es ruidoso, “en pie de lucha”, parecido al de Noroña o Epigmenio Ibarra, con un historial de declaraciones incómodas, ideologizadas, viscerales. Ya acusar de despido injustificado al gobierno, por un puesto que se sabe discrecional, es un exceso.
El punto de discusión han sido los libros de texto gratuito; Marx Arriaga se ha querido colocar como un muro infranqueable a las modificaciones que se hicieron durante el sexenio de AMLO.
Él será, ante todo, un ejemplo ante aquellos obradoristas que no respeten el nuevo liderazgo del movimiento, de Claudia Shienbaum.

*Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y pasante de la maestría de Periodismo Político por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Interesado en relacionar arte con política. De gustos altermundistas pero acostumbrado a vivir en un mundo neoliberal.








