Milka IBÁÑEZ*
CDMX.- Mi madre es chilena, por lo que muchas veces mis Navidades fueron muy parecidas a la del pueblo de Titirilquén: las salidas eran a la piscina, a nadar al río y a hacer picnic, andar en short y jugar con globos de agua. Esta reflexión no llegó a mí hasta que pude ver Calurosa Navidad, una película especial del maravilloso universo de 31 minutos. Esta película, que llega como un sudoroso abrazo decembrino, nos cuenta la historia de Titirilquén, un pueblo de títeres en Chile que sufre una extrema ola de calor.

Así que los elfos de Santa dan una conferencia de prensa para avisar que todo el mundo tendrá sus regalos de Navidad… menos Titirilquén, por lo que el equipo de 31 minutos se pone manos a la obra, encargándole a su personaje, el conejo Juan Carlos Bodoque, la misión de recuperar los regalos; mientras tanto, Tulio Triviño y su equipo tienen que mantener al pueblo entretenido y fresco, improvisando un show navideño muy peculiar. 31 minutos es todo un fenómeno de la televisión. En México sospecho que es aún más popular que en Chile, y me atrevo a decir que ahora los adultos somos aún más fans de estos personajes. El programa nace como un experimento en el que un grupo de títeres hechos con elementos comunes y reciclados tienen un noticiario, por lo que podemos ver cómo realizan los contenidos con divertidos personajes que no solo llegaron a las infancias por sus canciones, sino que llegan también con mensajes como la salud mental, la contaminación, incluso activismo social, todo bajo la lupa de canciones pegajosas y humor negro. Es un programa donde a los niños se les ve como un público que tiene derecho a decidir y expresarse.

En Calurosa Navidad, la tradición decembrina se desplaza hacia otras latitudes donde el calor domina la temporada, recordándonos que el imaginario navideño no es universal y que también existen fiestas bajo el sol, entre ventiladores, arena y bebidas frías. El especial refresca la conversación sobre cómo las costumbres se adaptan a los territorios y cómo la diversidad climática también es diversidad cultural.
Calurosa Navidad funciona así como un punto de encuentro generacional. Madres, padres, tías y tíos cantan junto a niñas y niños las mismas canciones que marcaron su propia infancia, creando un puente emocional que pocas producciones han logrado sostener con tanta frescura. En un mundo saturado de contenido, el regreso de 31 minutos demuestra que la autenticidad —esa mezcla de humor, crítica y artesanía— es la mejor combinación.
Y aunque aquí la Navidad llega con calor, la calidez real proviene de su mensaje: celebrar lo que somos, donde estemos, con la certeza de que compartir historias, por más simples o estrafalarias que parezcan, también es un acto profundo de amor comunitario.

En este especial, además, la narrativa subraya cómo las festividades se vuelven espejos de nuestras realidades locales. El calor no solo es un clima, sino un recordatorio de que las tradiciones se reinventan y de que la Navidad puede celebrarse sin nieve, sin chimeneas y sin postales invernales. Esta visión refrescante invita a reconocer la diversidad que hay en el mundo, especialmente en América Latina, donde lo navideño ha sido históricamente moldeado por la influencia externa. La Navidad es mucho más que nieve y regalos: es poder compartir con tus seres queridos.
Dedicado a mis seres queridos, que en Chile pasarán una Calurosa Navidad.

*Comunicación y Relaciones Públicas. Directora General 24 Risas por Segundo, Festival de Cine y Comedia.








