Por: Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez
En 1967 los medios de transferencia de fondos más usados en México eran bastante simples: giros telegráfico o del correo. En el 2020 con el uso de banca electrónica y el advenimiento de opciones de envío como Western Union creció la oferta de opciones.
Con la presentación del telegrama que anunciaba el giro se presentaba usted con alguna identificación y sin mayor problema recibía su dinero en efectivo y sin descuento alguno.
Hoy día –con la excusa de prevenir “lavado de dinero” es mucho más complejo recibir una transferencia superior a $ 4 mil pesos ( US 200 dólares). En el momento que se detecta una cantidad superior automáticamente cae usted bajo sospecha del SAT o del banco de que anda en malos pasos. Esta etiqueta de sospechoso no acepta explicación alguna.
Una familia oaxaqueña compra en abonos una casa. Como su actividad es la venta de pollo todo pago lo recibía en efectivo y de la misma manera liquidaba sus compromisos. Como este caso hay miles en México. Pero al llegar a cualquier banco con el efectivo de la venta de pollos y depositarlo en alguna cuenta ya se volvía sospechoso de lavado por el hecho de llevar efectivo.
Diariamente en la economía mexicana se realizan pago de compromisos en efectivo. Basta darse una vuelta a la central de abastos o a cualquier mercado o tianguis.
Jamás encontraran avisos en el área de cárnicos o frutas un mensaje que diga “BIENVENIDA SU TARJETA DE CREDITO O DEBITOXXX”.
Ni con el advenimiento de celulares con internet ha cambiado esta forma de pago.
La banca comercial mexicana poco ha invertido en la seguridad de sus sistemas de cómputo o en la de sus clientes. Si usted llega a ser “hackeado”, el banco negará cualquier responsabilidad por el despojo electrónico que le pegó a usted donde más duele: en el bolsillo. Puede hacer varios intentos vía telefónica y solo recibirá un “número de reporte” y a los quince días el mismo mensaje de que su reclamo “NO PROCEDE” y punto final
La masacre más frecuente que realizan los bancos con toda impunidad es su “política de cobros por comisiones” (oración incluyente para cargarle la mano al pobre cliente, en la cual se le cobra por retirar su propio dinero, por expedirle una tarjeta de factoraje, por no pagar el saldo completo de su tarjeta de crédito, por pago tardío – de mil pesos en adelante-,por seguro de vida que usted ni solicitó, por cuota anual de tarjeta de crédito, por intereses moratorios al 75% anual, por reponer un plástico extraviado, comisión por cada operación de envío de fondos…en fin como decía el astronauta de Disney: “AL INFINITO Y MAS ALLA”.
Una tarjeta con crédito por 7 mil pesos le costará $2 mil pesos anuales tan solo de comisión. Nada más para abrir boca.
En cuanto a seguros, los bancos le cargan la mano impunemente a la clientela y se ponen de acuerdo entre ellos para darlos a precios altos y similares.
Un seguro amplio para un automóvil compacto modelo 2000 le costará 8 mil pesos anuales vaya donde vaya a cotizarlo. Estos acuerdos no promueven la sana competencia sino extraer lo máximo que se pueda del inocente que necesite un seguro.
Los seguros que son obligatorios para una hipoteca son llevados a la aseguradora del mismo banco que además exige que los trámites de cambio de propietario sean hechos solo por dos notarios de su preferencia.
Los notarios cobran de inmediato y pueden pasar años antes de que se cumpla el cambio de propietario….una chulada de jineteo de dinero.
Si como sucedió en 2020 la economía completa entró en estado comatoso por orden federal a través de la Secretaria de Salud resulta que los bancos ni se dieron por enterados y envenenaron más su cobranza.
Contrataron despachos de cobranza que le darían vergüenza a la mafia de Al Capone. Con miles de llamadas amenazantes a los “clientes” usan toda la ventaja del anonimato para fastidiar día y noche por vía telefónica o internet a quienes posiblemente perdieron su empleo o tienen en quiebra su negocio.
Los saldos deudores crecen con unos intereses moratorios que daría pena aplicar a los mafiosos colombianos. El anatocismo consiste en cobrar intereses sobre intereses al infinito. En cientos de países está prohibido pero en este momento en México los bancos los aplican a diestra y siniestra, con alevosía y ventaja.
Dado que los que representan a la CONDUSEF suelen ser ex empleados de los propios bancos está en chino que se pongan del lado de los clientes afectados por la quiebra de la industria de la construcción, la de hoteles, bares , restaurantes, empresas mineras, cementeras, de transporte, de aerolíneas, de tiendas departamentales, de comercio en pequeño etc.
Si algún propósito de año nuevo podemos hacer sería el de ir cancelando todo tipo de relación con la banca comercial y su red de abusos en una economía en estado comatoso por orden federal.
Durante al menos dos décadas la banca comercial –mayormente de capital extranjero – han obtenido ganancias récord de sus operaciones en México .
Año con año iban sumando más utilidades a costa de las familias y empresas.
Cuando se vino la epidemia de COVID no se quisieron solidarizar con su clientela y ofrecen reestructuras engañosas bajo el lema de “GANAR – GANAR”.
Es evidente que vacunar a 7 mil 500 millones de humanos va a llevar al menos una década. Que como sucede el acceso a la vacuna está ligado al poder adquisitivo de cada familia. Que el reto logístico de inmunizar todo México nos llevará entre dos a tres años. Que sectores productivos como el transporte, el turismo, la gastronomía y la construcción van a tardar entre 5 a 7 años en revivir si bien les va.
Esto bien que lo saben los bancos y sus propietarios. Pero fingen demencia.
No les importa si sus clientes están pasando por una temporada de insolvencia o falta de liquidez. Si durante décadas fueron cumplidos en sus compromisos.
Si en sus familias tienen la pena de un fallecido por COVID o atienden a un enfermo grave de cáncer, diabetes o alguna otra enfermedad terminal.
En México el lucro sin límite es la única razón de existir de la banca comercial. De seguir comportándose así van a tensar tanto la cuerda que provocaran que les caiga encima un FOBAPROA DOS.
Solo entonces será que reflexionen sobre el costo social que está teniendo sobre las empresas y familia tanto abusos e indiferencia a un entorno socioeconómico atípico y adverso.
Olvidan que han actuado perversamente bajo una concesión federal que les otorgó Hacienda y Crédito Público y que por 20 años les dio a ganar a manos llenas con su clientela mexicana.







