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  • Por Eduardo de Jesús Castellanos Hernández.

En seguimiento a mi contribución de la semana pasada, una vez conocidos los resultados electorales preliminares de las seis elecciones locales del domingo 5 de junio de 2022 para elegir gobernadora o gobernador, tenemos los siguientes datos duros a destacar. De una parte, el triunfo en cuatro estados de la república de la coalición oficialista y el triunfo de coaliciones opositoras en las otras dos entidades en disputa. Por otro lado, que solo un estado de la república era gobernado por un partido de la actual coalición partidista mayoritaria o gobernante antes de 2018, es decir, del triunfo presidencial del presidente en funciones y, después de estas elecciones locales de 2022, sumando los triunfos anteriores, ese número subió a 22 entidades de la república; por lo que los partidos de oposición se quedan con el gobierno ejecutivo de diez entidades federativas.

 

Los cuatro estados que esta vez ganó la coalición partidista gobernante fueron: Oaxaca, Hidalgo, Tamaulipas y Quintana Roo; los dos primeros gobernados hasta ahora por el Partido Revolucionario Institucional y los otros dos por el Partido Acción Nacional, en Quintana Roo el PAN en alianza con el PRD o viceversa. Los dos estados que ganó la oposición fueron Aguascalientes (PAN, en alianza con el PRI y el PRD), así como Durango (la misma alianza, pero con un candidato proveniente del PRI). Es importante hacer notar que gana una candidata mujer en Quintana Roo y Aguascalientes, y un candidato varón en Oaxaca, Durango, Tamaulipas e Hidalgo.

 

Cabe recordar, también, que esta vez solo en Oaxaca hubo dos candidatos independientes, los cuales obtuvieron cada uno menos del rango que oscila entre 1.6 y 1.9% y entre 0.6% y 0.8% de la votación, respectivamente. Con lo cual este año, nuevamente, no hubo gobernador surgido de una candidatura independiente; el único que había concluyó su periodo el año pasado y fue sustituido por un candidato postulado por un partido político, y actualmente se encuentra en prisión con serios problemas de salud.

 

En tres estados (Oaxaca, Quintana Roo y Aguascalientes) hubo en este proceso candidatos a gobernador postulados por partidos políticos locales, pero en dos entidades obtuvieron menos del dos por ciento de la votación y solo en una, Quintana Roo, su porcentaje de votación osciló entre 6.1% y 8.8%. Nuestro sistema de partidos políticos es eminentemente de partidos políticos nacionales y los candidatos independientes dejaron de figurar con posibilidad de triunfo.

 

También es de destacarse que los porcentajes de participación ciudadana oscilan entre 37.4% y 40.5% en Oaxaca, el rango más bajo, y entre 49.1% y 54.3% en Durango, el rango más alto. En tanto que en Quintana Roo el porcentaje de participación ciudadana osciló entre 37.7% y 41.0%; en Hidalgo, entre 45.3% y 48.0%; en Aguascalientes, entre 43.7% y 46.8%; y, en Tamaulipas, entre 51.6% y 55.6%. Prácticamente, en nuestro país, para la mitad de los electores locales registrados en la lista nominal de electores, la credencial del Instituto Nacional Electoral es solo un medio de identificación no una credencial para votar. Sin duda tienen otras cosas más importantes que hacer, como conseguir su sustento cotidiano.

 

Desde luego que habrá impugnaciones de los resultados electorales en la mayor parte de los procesos electorales descritos, pues para eso están las leyes electorales, sobre todo las del sistema de medios de impugnación y las de delitos electorales. Pero ahí habrá que ver cómo se construye cada caso, pues siempre hay que recordar que el derecho es un problema de prueba, por lo que es tan importante tener el derecho como hacerlo valer, es decir, probarlo.

 

Otro dato a destacar y comentar es que el partido Movimiento Ciudadano participó con candidato propio en las seis entidades donde hubo elección, habiendo obtenido los siguientes resultados, consignados igualmente entre el límite inferior y superior del resultado preliminar: Aguascalientes, 6.5%-7.4%; Hidalgo, 3.0%-3.4%; Tamaulipas, 3.0%-3.4%; Durango, 4.1%-5.0%; Quintana Roo, 12.1%-14.1%; y Oaxaca, 3.1%-3.8%.

 

La votación de este partido opositor es muy importante a ser tenida en cuenta, puesto que se trata de un partido que no forma parte de la alianza opositora ni de la gobernante y que, por lo tanto, su participación en la elección presidencial de 2024 podría llegar a ser crucial tanto si se alía con la coalición oficialista como si lo hace con la coalición opositora, ya que fortalecería a cualquiera de las dos a la que se sumara. Pero su participación con candidato propio le abre otra posibilidad, la de concurrir a la elección presidencial con un candidato propio surgido del actual partido mayoritario si es que la disputa por la candidatura presidencial entre la actual élite política partidista gobernante los lleva a la fractura, como sucedió en 1988 con el entonces partido gobernante. Por lo pronto, habrá que ver si el año próximo, en las elecciones para elegir gobernador en Coahuila y en el Estado de México, el MC concurre en alianza o con candidato propio.

 

Como es mi costumbre en este tipo de análisis, no dejo de hacer notar el sistema constitucional de tipo presidencialista que existe en nuestro país ni el sistema de partidos políticos por el que transitamos en esta incipiente democracia representativa. Nuestro presidencialismo mexicano siempre ha tenido una pretensión autoritaria facilitada por el diseño constitucional que describí la semana pasada, aunque en función del sistema de partidos haya tenido que oscilar entre un presidencialismo y sistema de partidos francamente hegemónico y otro nada más dominante, aunque a veces ni esto. Pues, por ejemplo, cuando el PAN estuvo en la presidencia la mayor parte de los gobernadores eran del PRI y, además, nunca tuvo mayoría en las Cámaras federales.

 

En este contexto amplio, ahora hay que reflexionar sobre el impacto de los datos duros de los que acabo de dar cuenta tanto en el presidencialismo actual como en el sistema de partidos y, por consecuencia, en las elecciones del año 2024. A este respecto, empiezo por recordar que a partir de 2018 nuestro presidencialismo tiene un aderezo notorio: el populismo autoritario. Recientemente, además, un líder político que a pesar de la edad y de las batallas recientes perdidas al interior del partido hoy gobernante conserva su voz y capacidad premonitoria, se ha sumado a otras voces esas sí francamente opositoras para señalar algún tipo de vínculos entre el presidente en funciones y el crimen organizado. La reacción presidencial ha sido la obvia pero las especulaciones y el debate entre sus protagonistas han continuado.

 

Así es que lo primero a constatar es que la credibilidad presidencial y la confianza y apoyo del electorado hacia su coalición partidista se mantiene a salvo, pues los electores locales que votaron este domingo no consideraron -o ni siquiera se enteraron- que este debate que en cualquier otra parte tendría mayores efectos pudiese modificar o incidir en su decisión de voto. Desde luego, también, que este debate al que ahora me refiero no necesariamente tenía ser crucial en los resultados electorales de este domingo pasado por varias razones, entre otras, el arrastre o falta de éste de los candidatos locales en pugna, por ejemplo.

 

Pero la cuestión crucial a dilucidar es si los datos duros electorales aquí expuestos contribuyen a consolidar el presidencialismo y el partido hegemónicos o si, por el contrario, marcan el inicio de su descenso. Puesto que el dirigente nacional del partido mayoritario aseguraba hasta hace poco que ganarían los seis estados. Además, la intensa campaña electoral a favor de su gobierno y su partido que todos los días despliega el presidente de la república haría suponer que, si su mensaje es efectivo, el respaldo del electorado debería ser si no unánime por lo menos suficiente para asegurar mayores triunfos electorales si no es que todos.

 

Lo más fácil sería decir entonces que todo depende del cristal con que se mire, lo que convierte el análisis en una especie de declaración de fe o manifestación de voluntad sobre lo que personalmente se desee. Pero no es éste el propósito de mi contribución. El estudio de lo social impone la necesidad de predicciones, viables y verificables, a partir de datos duros; datos que tienen que ser analizados en su contexto. Pero, en las ciencias sociales, a diferencia de las demás ciencias fácticas cuyos estudios de laboratorio pueden ser controlados por el investigador, el contexto social en ningún momento es controlable por el observador por más sistemático que pretenda ser en su análisis. Así es que me veo obligado a regresar al contexto. Donde la variable más importante es la forma como el actor protagónico conduce su propia sucesión que, como ya he expuesto antes, dado el poder político acumulado, puede ser fuera de lo tradicional. Cualquier analista puede decir que a partir de que el presidente abrió anticipadamente el juego de su sucesión inició su declive. Pero he sostenido que no necesariamente tiene que ser sucesión pues puede ser prórroga del mandato, reelección o Maximato. Y sinceramente vislumbro que en eso seguimos, pues se trata de una variable controlada solamente por un actor que se siente invencible.

 

  • Profesor e Investigador. Doctor en Derecho por el Instituto Internacional del Derecho y del Estado (México) y doctor en Estudios Políticos por la Universidad de París (Francia); posdoctorado en Control Parlamentario y Políticas Públicas por la Universidad de Alcalá (España) y posdoctorado en Regímenes Políticos Comparados por la Universidad de Colorado, Campus Colorado Springs (EUA); Especialidad en Justicia Electoral por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la (México); autor, entre otros, de los libros: Nuevo Derecho Electoral Mexicano (Universidad Nacional Autónoma de México, Editorial Trillas), Análisis Político y Jurídico de la Justicia Electoral en México (Escuela Libre de Derecho de Sinaloa, Editorial Tirant lo Blanch); El Presidencialismo Mexicano en la 4T (Universidad de Xalapa); Crónica de una dictadura esperada (Amazon); El presidencialismo populista autoritario mexicano de hoy: ¿prórroga, reelección o Maximato? (Amazon)
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