- Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez
Cuentan que un granjero español se hartó del alto costo del alimento de su caballo de trabajo. Si bien era un animal de tiro muy trabajador su dueño lamentaba que este equino demandaba forraje, avena, sales minerales y agua a raudales. Se le ocurrió a su dueño empezar a recortarle raciones para llevarlo hasta negarle alimento alguno- momento cumbre de su plan de recorte de gastos de manutención de su caballo-.
Efectivamente, al cabo de algunos meses el granjero aquel logró que su caballo dejará de pedir comida, pero… al poco tiempo en plena faena el económico equino cayó fulminado y murió de hambre.
Este minicuento ilustra que en la administración del hogar, de un negocio o de cualquier gobierno es posible mejorar las prácticas administrativas, pero no al grado que por tanto ahorro se muera el personal de hambre o abandone su trabajo en búsqueda de quien valore mejor sus capacidades y premie su productividad.
En la minería mexicana han sucedido tragedias como la de Pasta de Conchos porque Grupo México optó por reducir a tal grado el costo de la mano de obra que subcontrató a mineros del esquema outsourcing para ahorrarse prestaciones sociales en uno de los trabajos que en todo el mundo es catalogado de altísimo riesgo: la minería de carbón.
Hace pocos años un equipo brasileño de futbol rentó un avión para llegar a Colombia a disputar el partido de ida del campeonato sudamericano. El dueño de la aeronave quiso ahorrarse unos dólares de combustible pensando que le bastaba lo que traía en el tanque y lo logró. Desgraciadamente para él y el resto de los pasajeros dicho ahorro les costó la vida. El avión se desplomó y estrelló por falta de combustible. No hubo falla mecánica. Ni de pilotaje. El dueño impuso su tacañería y costó vidas humanas. Familias brasileñas de luto, trágica muerte de gente joven… todo por ahorrar gasavión.
Empresas de servicios de helicópteros han buscado en ocasiones ahorros en refacciones originales. Prefieren adquirir a menor costo refacciones “hechizas” que después resultan ser las causantes del desplome de los equipos en pleno vuelo.
Cuando los peritos revisan qué fue lo que sucedió se han encontrado con la evidencia que las partes marca ACME no correspondían al modelo Eurocopter que se desplomó. Inmediatamente, las aseguradoras dejan de pagar, pues hubo engaño del propietario del helicóptero.
Otras veces se trata de pagar menos por los trabajos a los pilotos. Se contrata a un novato sin los certificados de capacitación o “a la mexicana”, con documentos falsos.
El falso ahorro en aviación termina en tragedia explicable – como el terrible accidente en que perdió la vida en la Ciudad de México el Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño y sus acompañantes. La complejidad de la maniobra superó al piloto novato y ahí se escribió el destino. Ahorro mal entendido que causó muertes evitables.
No tiene caso hacer impresionantes gastos en ceremonias luctuosas en el Campo Marte como sucedió en la gestión de Felipe Calderón, si el verdadero origen de los accidentes aéreos nació de pichicatear mantenimiento o contratar pilotos inexpertos para ahorrarse centavos.
En el incendio de la guardería de Hermosillo sucedió lo mismo. Rentar una bodega sin las debidas instalaciones con seguridad para los niños y quienes los atendían llevó a que la bodega de al lado, llena de material inflamable, segara la vida de bebés y cuidadores.
Tanto en la atención de la salud privada como pública ya nos acostumbramos en México a que buscando “ahorros” se pueblen más rápido los panteones y que los servicios funerarios (crematorios incluidos) sean la inversión más rentable en un país, cuyo promedio de edad es de 29 años.
En 2019 el novato gobierno federal recortó casi en 12% el gasto en salud pública porque “los conservadores habían sido muy corruptos”.
¿Para qué gastar en pruebas de COVID-19 como el resto del mundo civilizado si tenemos la estrategia CENTINELA?. ¿Para qué gastar en cubrebocas, si no sirven para nada?
Los resultados están a la vista con miles de muertes evitables.
Los incendios forestales en nuestro país han sido siempre de lo peor atendido.
Tal parece que se cumple una sentencia sobre los mexicanos: que solamente somos muy buenos para hacer hijos y para destruir la naturaleza.
Los bosques y selvas que nos rodean se conforman por especies vivas de animales y plantas que no se han enterado si pertenecen al territorio de Nuevo León o Coahuila.
Cuando inicia un incendio es porque hemos sido indolentes como sociedad en tener la menor previsión sobre esas superficies arboladas que son fuente de oxígeno y que nos prestan servicios ambientales.
Los recortes presupuestales del 70% en el gasto operativo a la Comisión Nacional Forestal, a la CONAGUA y a la SEMARNAT han servido para llenarse de autoelogios en las MAÑANERAS, al mismo tiempo, que sin dinero no haya forma de extinguir un incendio con recursos federales.
No existe en estados y municipios un solo gravamen, cuya recaudación sea exclusivamente para la conservación de zonas boscosas que están integradas o colindan con ciudades. Lo más lejos que han llegado Gobiernos estatales es a tener viveros de especies de ornato. Con excepciones, como la Fundación Harp en Oaxaca, pocas empresas mexicanas invierten o donan parte de sus utilidades en proteger los recursos naturales que nos permiten respirar, tener agua disponible que proviene de los bosques…
Reducir a raja tabla presupuesto tanto en gobierno, empresas o familias tiene una seria desventaja: se convierte en una mucho más costosa alternativa que el mantener el gasto operativo.
¿De qué sirve jactarse de tener un millón de hectáreas en reforestación si en su implementación se destruyen miles de hectáreas de selva de especies nativas para sembrar “árboles frutales”?. Después de sembrarse los dichosos arbolitos frutales son abandonados a su suerte porque la CONAFOR carece de dinero para darle el seguimiento y mantenimiento debido…
Eso sí, se quiere enseñar al mundo lo que es “SEMBRAR VIDA”… de plano nos quieren ver la cara.
Las consecuencias de esta ocurrencia forestal tropical – que ya la había tenido Felipe Calderón en su sexenio con especies maderables y que, ahora, son frutales-, se pueden observar desde los satélites. El resultado no es reforestación, sino destrucción de áreas de selva o bosque que correspondía a terrenos colectivos de ejidos.
En las empresas privadas de alimentos procesados o en los rastros públicos se arrojan a los lechos de ríos o los basureros los desechos de animales que han sido sacrificados. Sin tratamiento alguno van a dar a nuestro medio natural común.
Ninguna cámara empresarial, Organización no Gubernamental, cabildo o dependencia estatal o federal dice pío. Mucho menos nuestros legisladores.
El resultado de no tener un proceso de saneamiento de los desechos de fábricas de embutidos o rastros lo estamos pagando todos día con día.
Para concluir, se demuestra nuevamente la barbarie que nos caracteriza a los mexicanos: la estampida a vacacionar en playas y balnearios, pese a estar en medio de una pandemia letal, la brutalidad policiaca desde el Bravo hasta el Suchiate, la enorme perversión cotidiana de los hombres hacia las mujeres de cualquier edad, la bravuconería de nuestra mentada clase política, la practica de mentir como política pública obligatoria, el descrédito de órdenes religiosas por practicar la pederastia abusando de la buena fe de sus fieles, tanta sentencia de jueces a favor de delincuentes de cuello blanco u organizado en células delincuenciales bien asesoradas por abogados de pocos escrúpulos, el abandono de nuestra infraestructura de comunicaciones y el reiterado clima de polarización, nos pone a pensar seriamente sobre qué destino le depara a nuestros hijos.
Esta semana de Vía Crucis, México ha sido señalado por organizaciones internacionales relevantes de ser un país que no respeta los tratados internacionales, que no da un cacahuate por los derechos humanos de los nacionales o extranjeros, que se vale faltarle al respeto a las personas o empresas, que la calidad del aire, agua o suelo no merece el menor cuidado, que al hacer papilla a nuestras instituciones
electorales el país gana y que la polarización entre empresas – ciudadanos – y gobiernos llegó para quedarse. Así llegamos al Domingo de Resurección.







