- Por: Mtro. José María Villalobos Rodríguez.
Si en algo tenemos larga y sinuosa experiencia en México es en contraer deudas mucho más allá de nuestros ingresos y terminar no pagándolas.
Lo ha hecho el gobierno federal, estatal y municipal, los grandes consorcios, las empresas medianas y pequeñas, las familias de todo estrato social y sin embargo no parecemos haber aprendido la lección.
Cuando alguien toma deuda atraído por toda una mercadotecnia financiera engañosa y hasta perversa lo más común es que se sienta aliviado al tener en sus manos el dinero en efectivo que se le ofrecía. La publicidad de los modernos prestamistas toca los límites de la fantasía ya que el dinero que ofrece lo adorna con el objeto del gasto: “el viaje que siempre soñó”, “ la casa que usted merece”, “la mejor pantalla digital en el mundo”, “cambie la decoración de su hogar,
compre lo último en moda”…etc..
El apetito por consumir lo que no necesitamos es alentado día y noche por los oferentes de crédito que se puede pagar “poco a poco, sin sentirlo”.
Los ingenuos que caen en un préstamo de nómina, un préstamo personal no atinan a conocer el berenjenal en que se meten y la enorme carga de intereses y comisiones a las que se comprometen a pagar.
El gran problema estriba en que tomar crédito compromete el flujo de los ingresos futuros de cada gobierno, familia, empresa o persona que lo toma. Es decir una parte de lo que mes a mes vaya usted a obtener de su empleo o de su negocio
queda ya comprometido en el pago a su acreedor bien sea un banco, caja de ahorro, un familiar u otro financiador.
Hace 50 años las familias iban construyendo poco a poco su patrimonio. Hacían algo muy simple: ahorraban, no se gastaban la quincena en tonterías y con gran disciplina iban acumulando dinero para un fin específico de compra a futuro.
Una vez que se tenía un buen ahorro y con el dinero en la mano conseguían mucho mejores precios por aquellos bienes que realmente necesitaban.
Si lo que se compraba hace 50 años era un automóvil no se hacia pensando en cambiarlo a los dos o tres años. La mayoría de las familias los cuidaba, les daba un buen mantenimiento y en retribución tenían un vehículo seguro que no los iba a dejar tirados en la carretera al segundo viaje. Los talleres de los concesionarios eran mucho mejores que los que usted ve hoy día. Los mecánicos eran capacitados por las fábricas de autos para que los clientes tuvieran la certeza de
que conocían a la perfección los aspectos mecánicos, eléctricos y de combustión de sus vehículos.
En cuanto a las garantías de los electrodomésticos se tenía un plazo mayor y un mejor servicio. Hoy todo cambió: se presiona al consumidor a que use su crédito y compre un modelo nuevo bien sea de una televisor o de un automóvil.
Las tentaciones de compra de lo innecesario abundan: desde viajes en crucero (con o sin COVID) hasta que pase el fin de año en Bruselas a 15 bajo cero….y mucha gente cae en el garlito.
Si se trata de fiestas religiosas o de los famosos “puentes” las familias derrochan hasta lo que no tienen con tal de llegar a puerto, Acapulco o mínimo a Xochimilco.
Si caen en la trampa de tales “viajes de placer de tres a cinco días” incurren en endeudamiento, cargan en su auto hasta el perico, no los frena ni un río crecido y el regreso es más triste que un funeral.
En 2022 la llamada cuesta de enero será la peor en 25 años.
Las familias, los gobiernos y muchas empresas de todo tamaño van a sufrir para mantenerse a flote porque los gastos decembrinos rebasaron por mucho sus ingresos. Tuvieron que volver a pedir prestado pues los gastos fijos nunca paran.
La algarabía que da la última quincena de diciembre tiene como lado oscuro la penitencia de cuatro o cinco meses del pago de los excesos.
Los acreedores están como buitres esperándoles para darles el buen trato que se merecen con tasas de interés que harían de Scrogge (personaje de Dickens parecer alma de la caridad.) Como ejemplo: los moratorios de las tarjetas de crédito rondan el 72% anual -algo impagable si usted está en la economía licita.
Hemos olvidado las lecciones tan amargas de las quiebras de México, sus empresas y sus familias y repetimos el error de endeudarnos muy por arriba de nuestras posibilidades reales.
Esta desmemoria sobre deuda alcanzó ya a cientos de gobiernos municipales a lo largo y lo ancho de nuestra endeudada República.
En el municipio de Ecatepec se acaban de encontrar con al menos 200 aviadores que bajo los anteriores regidores cobraban son trabajar…quiero imaginar que esta práctica solo se da en Ecatepec.
Por cada quincena en la que cobraban le entregaban en efectivo la mitad de su pago por no hacer nada a su patrocinador. Naucalpan debe $ 3 mil millones de pesos a proveedores y empleados.
La insolvencia es algo muy diferentes a la quiebra. Para el caso de la Ciudad de México recuerdo que el Dr. Carlos Urzúa en su calidad de titular de las finanzas capitalinas se encontró con montañas de deudas.
Su estrategia consistió en implementar una subasta de deuda. Se le pagaba más pronto a quien aceptara dar un mayor descuento del adeudo. Con la banca Urzúa hizo lo mismo. Quedarse con aquel que diera mejores condiciones para las finanzas de la Ciudad de México.
Volviendo con el endeudamiento familiar, desde septiembre 2020 concluyeron los programas de apoyo a deudores que implementó Banco de México.
Con los recientes brotes de OMICRON será muy difícil que 2022 sea próspero y que se puedan pagar montañas de intereses moratorios a los bancos.
Lo mejor sería que Banco de México regrese al apoyo de los deudores.







