Por Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez
En diciembre 2019 los centros comerciales, salas de cines, antros, restaurantes y fondas, teatros y sitios de espectáculos, agencias automotrices, centrales de autobuses y aeropuertos en todo México se veían repletos de clientes. El dinero y su alegría corrían alegres por todo el país. No se veía ninguna nube negra en el horizonte.
La venta del “Buen Fin” fijaba nuevos records y el TELETON cumplía con facilidad su meta de recaudación de 2018. Las cajas registradoras de supermercados y bancos tenían alta demanda día y noche. Todo era felicidad ante un consumidor gastalón y despreocupado, dispuesto a llevar a casa las mejores viandas y bebidas para su cena de Nochebuena o la de Año Nuevo. En Oaxaca de Juárez los gobiernos estatal y municipal se disputaban el aprecio de los contribuyentes con la Noche de Rábanos o estudiantinas colgadas de los miradores del Macedonio Alcalá. Aguinaldos, música y alcohol se combinaban en las calles de Oaxaca de Juárez expresando el estado de felicidad de sus visitantes o nativos. Los hoteles se negaban a recibir más huéspedes, pues estaban ya al cien por ciento de ocupación. En comederos de postín como “EL VASCO” había largas filas de glotones en espera de una mesa de preferencia con vista al Zócalo.
Los eventos que en secuencia acabaron con la abundancia y el consumo excesivo en la capital del estado y en el resto del mundo tuvieron tal impacto que para diciembre 2020 la situación de los negocios está patas para arriba.
Llamados multimedia a guardar confinamiento, ley seca, horarios restringidos, consumo a la baja, saturación de hospitales, farmacias, funerarias y crematorios, soledad de las centrales de autobuses y aeropuertos, clausura de eventos, escuelas y academias cerradas, parques y jardines vacíos, el Zócalo estupefacto ante su propia soledad… todo por un virus letal y traicionero que nos llegó de China.
Nuestra generación nacida en los 50 no había vivido algo parecido.
Los cuerpos médicos, las autoridades de salud pública y la medicina privada se enfrentaron en 2020 a algo desconocido y letal. Desconociendo lo contagioso que era fueron los propios médicos los primeros en contagiarse y contagiar a sus familias. A medida que le iban tomando el pulso al virus se daban cuenta que existían personas asintomáticas y otras que no. Que era indispensable cerrar actividades económicas completas para evitar más contagios y fallecimientos.
Desde febrero las farmacéuticas mundiales aceleraron sus investigaciones para lograr en diciembre vacunas ya certificadas para inmunizar a toda la humanidad.
El periodo entre marzo y diciembre 2020 sólo trajo malas noticias para la mayoría de la gente.
A raíz de la emergencia sanitaria causada por COVID 19 se vino el cierre de escuelas y confinamiento en casa, cero fiestas (ni Madres, ni Día del Niño, ni desfiles patrios o religiosos, ni Guelaguetza, ni Muertos, ni Navidad, ni graduaciones, bodas o quince años, ni Año Nuevo) y austeridad total. Nada de ir a Puerto, ir de compras a Puebla o a la Ciudad de México, nada de recibir o hacer visitas, no a verse con los amigos o parientes…
Afectación casi generalizada a quienes viven día a día con su trabajo (albañiles, músicos y cantantes, meseros, cocineros, garroteros, cantineros, tianguistas, ambulantes, etc.).
No faltó el manto protector del ogro filantrópico a los miles de sindicalizados que pueden irse a su casa y solo salir a cobrar y gastar. Aun así la economía se desplomó a tal grado que no se ha terminado de dimensionar el tamaño del agujero.
INEGI suspendió el levantamiento de su Encuesta Ingreso Gasto a causa de la epidemia. No sabremos con precisión como se comportó el consumidor en estos diez meses, lo que si se empezó a caer como castillo de naipes la cobranza de los bancos y cajas de ahorro.
En Oaxaca derivado del impedimento legal a trabajar se presentó una caída de los ingresos de quienes se dedican a la construcción o las que venden servicios de alimentos y bebidas preparadas, los sitios de hospedaje y las empresas transportistas. El cierre de escuelas hirió de muerte al negocio de taxistas, urbaneros y comercio (ropa, útiles, alimentos).
En tres meses cientos de empresas ya no tenían ni para la nómina. Ni en los años del marasmo magisterial se vivió una caída económica tan generalizada en Oaxaca.
Vendrían luego los daños por huracanes fortísimos en Tabasco, Yucatán y Chiapas que por mucho rebasaron la capacidad de respuesta del Estado mexicano.
No hubo en 2020 ni habrá en 2021 un programa de rescate a PyMES del tamaño de la necesidad. En esta ocasión la norma es que cada quien se rasque con sus uñas.
Miles de familias tuvieron que recurrir a la usura, sacar ahorro de su fondo de retiro o a vender bienes para sobrevivir en un entorno recesivo y sombrío que parece no tener fin.
El gobierno federal registró caída severa de ingresos petroleros de exportación y del mercado interno al desplomarse los precios internacionales y la demanda interna.
Tuvimos también accidentes terribles en autopistas y carreteras en los que se perdieron cientos de vidas en aras de la tolerancia al autotransporte de doble remolque manejado por choferes irresponsables, toma de casetas de peaje en autopistas que resultaron ser crimen organizado, bloqueos magisteriales durante meses en Michoacán por al paso de ferrocarriles con carga del puerto de Lázaro Cárdenas.
Destrucción en varios centros históricos por parte de mujeres protestando contra los feminicidios, tomas y bloqueos carreteros en la zona norte de Sonora que impedían llegar a la frontera con Estados Unidos, misteriosas turbas causando daños en el centro de Guadalajara, las aerolíneas dejaron de volar y los autobuses redujeron corridas y destinos, conflicto por el agua a entregar a Estados Unidos en el estado de Chihuahua.
Múltiples escándalos de abusos con el uso del poder para apoderarse de fondos públicos, miles de licitaciones por invitación o asignación directa, tomas e incendios de palacios municipales en estados de naturaleza convulsa, incendios forestales en Tijuana, sequías e inundaciones, explosión a cargo de la CFE en el sur de la Ciudad de México.
Secuestro de autobuses por normalistas un día sí y otro también, fin de los fideicomisos federales vía Congreso controlado, escasez de medicamentos oncológicos, detención de un Ex Secretario de la Defensa Nacional en Los Ángeles, la fractura de cráneo de Raúl Jiménez en Inglaterra y la goliza de 4 a cero a los PUMAS por el Cruz Azul.
La única razón para celebrar el año 2020 es que sigamos vivos – no importa si estamos en cartera vencida, si no hemos visto a nuestros amigos en un año o si se nos murió hasta el perico –.
La principal lección de 2020 es la de la sobrevivencia y la urgencia de fortalecer nuestro sistema de salud pública – lo cual implicará una profunda renovación de nuestro sistema hacendario y fiscal aumentando la captación de ingresos propios de los gobiernos estatales y municipales.







