LA MUERTE DEL MENCHO Y LA DIMENSIÓN DE SU ABATIMIENTO

A los elementos de las fuerzas de seguridad caídos durante las operaciones del domingo 22 de febrero, los mexicanos bien nacidos les reconocemos su amor a México.
En 2022, El Universal publicaba un dato escalofriante: en más de mil 198 municipios —casi la mitad del país— se registraba la presencia de al menos un grupo delictivo. Si se mide por extensión territorial, el crimen organizado ya operaba entonces en el 75% de México. De ese año a la fecha, y hasta este domingo, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) experimentó un crecimiento exponencial. Amparado por la estrategia de «abrazos, no balazos» del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el cártel tejió alianzas con organizaciones regionales y locales hasta llegar a dominar, o al menos disputar, prácticamente todo el territorio nacional.
La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho», en un operativo militar que también costó la vida a varios de sus lugartenientes, es sin duda un golpe de gran relevancia. Sin embargo, para entender su verdadera dimensión, es necesario ponerlo en contexto y despojarlo de triunfalismos.
La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos es, sin lugar a duda, el factor que obligó a la presidenta Claudia Sheinbaum a pasar de la simulación a la acción. A fuerza de amenazas arancelarias, Trump convenció al gobierno mexicano de mover sus fichas: primero con la entrega de reos buscados por aquel país y luego con la detención de personajes de poca monta, como el presidente municipal de Tequila, Jalisco. El operativo contra «El Mencho», en el que la propia Casa Blanca confirmó haber proporcionado «apoyo de inteligencia», es la consecuencia más visible de esta presión.
Sin embargo, tan poco convencido está Trump de la voluntad real de nuestro gobierno, que su reacción ha sido ambivalente. Mientras su vocera, Karoline Leavitt, publicaba en X que el presidente «elogió y agradeció» a los militares mexicanos, y el subsecretario de Estado, Chris Landau, calificaba la acción como «un gran avance», el propio Trump salió este lunes a pedir a México que «redoble sus esfuerzos contra los cárteles y las drogas». La exigencia es clara: un capo menos, por importante que sea, no basta. En la misma línea, el congresista republicano Dan Crenshaw recordó que, aunque es motivo de celebración, «no es victoria».
Muchas lecciones debe dejarnos el operativo de este domingo. La primera y más evidente es la capacidad de reacción del CJNG, que desató actos terroristas en al menos 20 estados del país. Esto refleja una penetración territorial que no se desvanece con la muerte de un líder, por poderoso que este fuera. Existen mandos intermedios que ordenaron esos ataques y que, con toda seguridad, seguirán operando. El gobierno los conoce. Ahora veremos si tiene la determinación de ir también por ellos, con la ventaja de conocer ahora perfectamente la ubicación de las células más leales al CJNG.
El gobierno también sabe qué gobernadores, presidentes municipales, legisladores, funcionarios y policías están coludidos o son miembros del crimen organizado y deben ir tras ellos para avanzar con firmeza en darle seguridad a los mexicanos.
Otra lección incómoda, pero necesaria, toca el tema de la soberanía. Ante la participación —ahora reconocida— de Estados Unidos en tareas de inteligencia, deberíamos dejar de invocar ese concepto como un «nosotros podemos solos» que raya en la simulación. Un problema de las dimensiones del narcotráfico y la delincuencia organizada trasnacional requiere, forzosamente, de la colaboración respetuosa pero firme de todos los países involucrados. Las amenazas de Trump sobre aranceles o la ruptura del T-MEC no deben traducirse en sumisión, pero la responsabilidad de otorgar seguridad a los mexicanos sí debe traducirse en una acción contundente y coordinada para recuperar el control de un territorio que, es justo decirlo, fue abandonado y cedido a las organizaciones criminales durante el sexenio de López Obrador.
Finalmente, una mención aparte merece Omar García Harfuch. Hombre formado en un hogar con los valores del México del siglo pasado, nieto de general e hijo de policía, ha demostrado en esta y otras acciones capacidad y entrega a las mejores causas del país. Su labor al frente de la estrategia de seguridad será fundamental en los días difíciles que vienen.
El abatimiento de «El Mencho» es un paso muy importante, pero la guerra contra el narco está lejos de terminar, o como dice la sabiduría popular, una golondrina no hace verano.
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