La majestuosa cueva del Dios de la Lluvia
Texto: Joel F. Gálvez Vivar Fotos: Karol Joseph Gálvez López


SAN JUAN DIQUIYÚ, Tezoatlán, Huajuapan de León.– En la punta de gigantescas peñas, más de dos mil metros aproximados de altura, se encuentra la majestuosa cueva del dios de la lluvia, ‘ve’e javi’ en idioma mixteco; cuyo interior permanece de pie una deidad finamente tallada, se trata de una trunca figura de ídolo, sin cabeza, con los brazos entre cruzados sobre el pecho; que los aborígenes llaman dios de la lluvia (Tláloc mixteco); cubierta en su rededor de piedras y plumas de aves de corral, puesto que aquí los curanderos realizan ceremonias prehispánicas para pedir abundantes lluvias, como diversas curaciones, entre las que se destaca la de recoger el espíritu de personas enfermas de espantos, igualmente el de los difuntos para encausarlos a encontrar el eterno descanso en las praderas del cielo.
Al irse elevando el sol, cuyos rayos iluminan claramente al interior de la cueva, en la cima de las selváticas montañas de San Juan Diquiyú; un puñado de excursionistas guiados por Austerlitz Sánchez Méndez, comisionado del Instituto Nacional de Antropología e Historia en la mixteca; luego del ajetreo entre matorrales, vejucos, espinos, recorriendo a pie cerca de tres kilómetros, las abundantes vegetaciones como que obstaculizaban a propósito el acceso, pero finalmente llegaron a la boca de la cueva, tras descender en resbalosas y rocosas peñas.
Un amplio espacio de 30 aproximados metros cuadrados, al interior de la cueva que uno a uno de los visitantes fueron entrando, territorio en donde se siente pleno dominio o efectos de la naturaleza, la fuerza de la deidad se deja sentir, momentáneamente causa emoción y miedo a la vez, el fenómeno de las montañas arrecia ocasionalmente; los niños curiosos se acercan al idolillo, lo tocan con sus manos, luego se quedan observándolo, mientras que un ligero viento sopla fríamente alrededor y dentro de la cueva.
Abundantes plumas de aves de corral esparcidas en la cueva, restos de piel cordero, el suelo teñido de sangre de animales sacrificados en ceremonias que curanderos ofrendan como presente a la deidad del dios de la lluvia; en tanto el guía Sánchez Méndez, deja escuchar el silbido de un silbato de barro que alfareros expenden en mercados de Huajuapan. Al tiempo detalló que para acceder al interior de la cueva, es preciso descubrir la cabeza, como señal de respeto, luego de pedir permiso al señor de la cueva, al señor de las gigantes y rocosas montañas de Diquiyú.
Al tiempo, dijo que es necesario agradecer al universo por la existencia de los lugares naturales, como es la cueva del dios de la lluvia, que data precisamente del periodo preclásico de nuestra era, la deidad es ídolo original, roca de esta tierra de Diquiyú, o preclásico temprano, mientras que la cueva es venerado por los pobladores circunvecinos de la comarca, aquí llegan a pedir las lluvias, lo hacen con fe y devoción, vienen con gozo cada cual con su presente.
Sánchez Méndez detalló, que se siente la emoción y se percibe la fuerza de la naturaleza de la cueva, se percibe en la humanidad el espíritu noble de los señores principales, cuyos restos aquí descansan, sus tumbas permanecen al interior de la cueva, de ahí la importancia de descubrirse la cabeza, con absoluto respeto con que se debe de conducir, porque el espíritu de los guerreros merodea en estas montañas, resaltó.
Además del dios de la lluvia, se aprecian claramente al interior de la cueva diversas pinturas rupestres, así como tumbas prehispánicas, al mirarlos la piel se enchina, fuerte escalofrío afecta a los visitantes, se miran entre todos; en tanto el silbato no cesa en su melodiosa voz que es la única que se escucha esplendorosa por momentos, adentro de la cueva, los niños juguetean, dan suaves y cortos brincos, luego guardan instantáneamente silencio, como si alguna fuerza los paralizara, se miran, se toman de las manos y cuchichean, el dios de la lluvia se alegra con la presencia de los niños, una ligera nube cubre el cielo del lugar, es la suave neblina que se asoma instantáneamente.
En tanto a distancia prudente los integrantes del Comisariado de Bienes Comunales y del Consejo de Vigilancia de San Juan Diquiyú, aguardan pacientemente, son los que guían los recorridos que se programan de manera esporádica; en obvio son los herederos de la raza del Tláloc mixteco o deidad de los aborígenes, el señor de las montañas, quien guía el destino de estos hombres, desde las entrañas de la madre tierra, que a lo lejos se alcanza a mirar la boca de la cueva como algo espantoso, pero al estar ahí la cosa cambia, no es como se mira a distancia, es un lugar natural con su propia belleza inigualable, con un accidentado acceso, pero se accede con prudencia y tensión, más que curiosidad la divinidad con que se alcanza al estar adentro de la cueva, junto al dios de la lluvia, el Tláloc mixteco.
En tanto, durante el tiempo y época del recorrido, dichas autoridades permanecieron al pendiente, resguardando la integridad de los visitantes al paraje que es de su pleno dominio, estuvieron al pendiente de cada detalle, San Juan Diquiyú cuenta con esto y muchos espacios que la naturaleza les doto como tierra sagrada de los dioses.





